La
ubicación del parque permite una visión panorámica del entorno, que se
acrecienta al ascender a la enorme cruz que parece suspendida del cielo.
A pocos
kilómetros de la ciudad de Posadas, la pequeña
población de Santa Ana alberga el Parque
Temático de la Cruz, una propuesta turística y religiosa
de excelencia. La selva paranaense es la dueña de casa en un recorrido
fantástico que cuenta con miradores, sendas, museo, auditorio, mariposario y
orquideario, entre otros atractivos. Al llegar a Santa Ana, la enorme cruz que
veíamos desde lejos nos guió hacia el recinto e ingresamos para recorrerlo con
tranquilidad.
Elegimos
realizar la mayor parte del trayecto a pie y comenzamos por una senda peatonal
que asciende a un nivel un poco más elevado que el de ingreso. Observamos que
otros lo hacían en un carrito abierto o en bicicleta por una calle lateral. Una
vez en la cota superior, visitamos un anfiteatro al aire libre y dos senderos
temáticos.
La primera
senda, dedicada a interpretar la naturaleza, permite identificar especies
nativas, involucrarse con la humedad y perfume de las distintas plantas y
flores, y ver las vertientes de agua naturales. El segundo es un itinerario
religioso de siete estaciones dedicadas a la oración y la reflexión.
Visitamos el mariposario, donde disfrutamos y aprendimos
acerca de la alimentación, reproducción y distintos estilos de vuelos de las
variedades de mariposas misioneras. Fue increíble ver la diversidad de formas,
colores y tamaños de esos etéreos insectos voladores. Otro lugar espléndido es
el orquideario donde, en un ambiente cuidado que imita su hábitat natural, se
exhiben especies que se obtienen y reproducen en Misiones. A la vez, obtuvimos información sobre cómo
cuidar y cultivar cada una de las variedades. El broche de oro de la visita es
conocer el imponente edificio principal que sirve de base a la cruz metálica;
en conjunto, alcanzan una altura de 82 metros.
Con el exterior de arquitectura elíptica y rampas de tránsito
externo, fuimos ascendiendo y aprovechando los distintos niveles de los
miradores para observar la vegetación por encima de la copa de los árboles.
Luego accedimos al interior, lo cual nos permitió conocer el Teatro de la
Selva, donde siempre hay espectáculos con alta calidad de acústica e
iluminación de última generación.
Una galería de
exposiciones y locales de servicio gastronómico completan el conjunto con una
construcción muy moderna.
Eso es lo que sentimos: algo de vértigo y
más de emoción al percibir que esa enorme caja transparente nos sostenía en lo
alto. Este nuevo emprendimiento ha logrado un porte de tal magnitud que es
considerado el monumento más alto del país: supera la altura del Monumento a la Bandera en Rosario (70
metros) y del obelisco en Buenos Aires (67 metros). A pesar de las nieblas
habituales en la zona, permite una vista panorámica en 360 grados y a su vez es
apreciada desde varias poblaciones a la redonda.
De noche, la cruz iluminada se convierte en una atracción visual espectacular. Destacamos la armonía de lo agreste de la selva misionera con la edificación pensada para el entretenimiento y el mayor conocimiento de la fauna y flora misioneras.




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