**Justicieros o asesinos, su poder era ilimitado,
solo obedecían al Papa-
“La Orden del
Temple fue
fundada en 1119 por Hugo de Payns y ocho caballeros franceses en Jerusalén para
proteger a los peregrinos cristianos tras la Primera Cruzada. Su misión inicial era asegurar los caminos
santos, evolucionando luego a una élite militar y financiera que protegía los
estados cruzados, financiada por una vasta red bancaria europea”
Los miembros de la Orden del Temple o
templarios nacieron con solo
9 fundadores en 1118. Su objetivo era proteger a los
peregrinos que viajaban a Jerusalén y luchar contra los musulmanes en el contexto de
las Cruzadas. En dos
siglos esta orden militar cristiana llegó a reclutar más de 30.000 soldados y a
poseer una riqueza tal que incluso los reyes estaban endeudados con ella.
Su incontrolable
poder tanto militar como político causó el recelo de los monarcas, que no
podían imponer sus órdenes sobre ellos, pues los
templarios solo respondían ante el Papa. Este rencor se transformó en una sangrienta
persecución que duró
cinco años y que finalizó en
1312, cuando Felipe el
Hermoso presionó al Papa Clemente V para que prohibiese definitivamente la
Orden.
Nueve hombres para defender el cristianismo
Tras finalizar la Primera Cruzada, una guerra promovida por el cristianismo con el objetivo de recuperar
Tierra Santa, los cristianos reconquistaron en 1099 Jerusalén, que se convirtió
en un Estado y tuvo como primer rey a Balduino I. En esa época, la seguridad en
sus caminos de acceso y en la propia ciudad era precaria y los ladrones robaban
y atacaban a los peregrinos. El monarca vio con buenos ojos la creación de una
milicia que guardase el Santo Sepulcro de Jesucristo y protegiera a los fieles
de los bandidos.
En 1118, Hugo de Payens y
ocho compañeros se congregaron y
decidieron formar un grupo. Su idea era unir sus
fuerzas y, mientras éstas se lo permitieran, mantener seguros los caminos de Tierra Santa y sus peregrinos. Eran solo nueve hombres
para proteger a millares de peregrinos y cruzados que acudían a Palestina.
Estos monjes guerreros, acataron tres votos seculares: la pobreza, la
obediencia y la castidad. Ofrecieron sus vidas y espadas para arrancar los
espacios santos de los infieles musulmanes que, para ellos, profanaban los
lugares santos de Jesucristo y la fe de Europa.
Con este plan, se presentaron al rey de Jerusalén y éste puso a su
disposición un ala completa de su palacio, que se encontraba cerca de los cimientos
del antiguo Templo de Salomón. De ahí procede su nombre: la Orden del Temple o
templarios. En poco tiempo, el rey evacuó íntegramente el templo, dejándolo a
completa disposición de los caballeros. Durante 9 años, estos soldados
de Cristo perseveraron en sus objetivos sin admitir nuevos miembros.
En 1128, la iglesia
católica celebró el Concilio de
Troyes, en el que aprobó y bendijo la Orden. Así fue como los templarios fueron reconocidos
oficialmente como una orden religioso-militar. Ninguna autoridad secular ni
poder eclesiástico tendría poder sobre ellos. Eran autónomos y no debían
obediencia ni a nobles ni a reyes. Solo respondían ante una persona: el Papa.
En las dos décadas
posteriores a su
reconocimiento, los hijos de los nobles afluyeron a alistarse en la Orden de
los templarios y éstos recibieron generosas donaciones en dinero, bienes y
tierras. Su crecimiento
fue asombrosamente rápido, tanto que
llegaron a cada rincón de la cristiandad y, al cabo de poco tiempo, la Orden
poseía enormes riquezas en toda Europa.
Un poder militar, económico y social incontrolable
La Orden se asentó en toda Palestina y en los reinos europeos, en parte
debido a la identificación de nobles, príncipes y vasallos con la causa, que
encontraban sus ideales en las Cruzadas. Los guerreros se formaban
mayoritariamente en Europa para luchar en Oriente contra los invasores turcos,
mongoles, egipcios y musulmanes. En 1147 se embarcaron para luchar en la Segunda Cruzada y su reputación en la guerra fue positiva a
la vez que impactante. Se les llegó a catalogar de dementes, pues sus
principios les impedían pedir cuartel, es decir, clemencia. Sus batallas eran a
muerte y no se rendían a no ser que el enemigo tuviera una superioridad de 3 a
1. En el siglo
XIII los caballeros
templarios lucharon en las
guerras de reconquista de la península
Ibérica, ganándose el respeto de la sociedad por su potencial en la
batalla.
Desaparición de la Orden
En el siglo XIV Felipe IV
El Hermoso reinaba en
Francia. Por entonces, los templarios estaban firmemente establecidos, con una
red de castillos a lo largo y ancho del reino. Seguían sin prestar obediencia
al monarca y Felipe no podía controlar su creciente poder e influencia. Además,
el rey se había endeudado con ellos. Decidió cortar por lo sano y buscó una excusa, la herejía, para perseguir y
acabar con los templarios. La primera
necesidad del rey era asegurarse la cooperación del Papa. A través de
presiones, manejó la elección del arzobispo de Burdeos al trono papal en 1305.
Con el pontífice Clemente V en su bolsillo, Felipe se cobró su influencia en la
elección del Papa y entre sus exigencias incluyó la supresión de los
templarios.
En 1307, los templarios de toda Francia fueron detenidos. Pero nunca se halló el dinero de la Orden y el
paradero de su tesoro ha sido siempre un misterio. En Francia, fueron juzgados
y torturados durante años. A partir de estas torturas, se extendieron rumores
sobre ritos oscuros de los templarios, entre los cuales se encontraba un
demonio al que adoraban, Baphomet, que les daba un poder inexplicable.
El 21 de marzo de 1312, en el Concilio de Vienne, el Papa Clemente
V promulgó la bula Vox in excelsio, mediante la cual disolvió
oficialmente la Orden. Ese fue el final
de una Orden que se había vuelto demasiado poderosa en solo dos siglos.
Comenzaron siendo 9 guerreros y en el momento de su disolución eran más de
30.000, con gran poder e influencia, y contaban con más de 9.000 posesiones
entre iglesias y viviendas.
El mito continúa
Estos caballeros vestidos con un manto blanco y una cruz roja en el pecho,
inmensamente ricos en su conjunto pero pobres individualmente, generaron
un gran misterio
tras su desaparición. Dónde quedó su
riqueza o las artes oscuras a las que se dedicaban, fueron algunos de los
puntos que crearon un fanatismo en torno a su figura, que proliferó con el paso
de los años. Muchas congregaciones se han proclamado herederas de los templarios y
se les ha relacionado con los Iluminati o la masonería. Aún hoy en día se
escriben historias sobre ellos, tanto en la literatura como en un universo más
moderno: el de los videojuegos. En solo 200 años de existencia, la Orden ha dado pie a más de 700 años
de leyenda.






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