Una vez más, los argentinos
peregrinaron hasta el Santuario de San Cayetano, en Buenos Aires, para expresar
su devoción y confiar sus necesidades al patrono del pan y del trabajo.
Desde la fría noche del jueves, los fieles se fueron acercando
al templo ubicado en el barrio porteño de Liniers e hicieron largas filas para
llegar a los pies del santo que, rodeado de espigas de trigo y con el niño
Jesús en sus brazos, recibe los dolores, las promesas y el agradecimiento del
pueblo humilde y trabajador.
Tras una jornada de incesante
lluvia, el sol se hizo presente en la mañana festiva del viernes y permitió
celebrar la Eucaristía central en un altar preparado al exterior del templo
para recibir a un gran número de fieles.
La
celebración estuvo presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge
García Cuerva, quien al inicio de su homilía exclamó:
“San Cayetano, aquí está tu pueblo”.
El prelado describió el santuario como “nuestra propia casa”, un
hogar donde “podemos descansar la vida, las angustias, los anhelos, las broncas
acumuladas, la impotencia, la esperanza y también los agradecimientos”.
Haciendo de su prédica una oración comunitaria, continuó: “San
Cayetano, aquí está tu pueblo, un pueblo cansado de promesas incumplidas y
dirigentes que hablan de los pobres, pero no están cerca de sus necesidades y
se dan la buena vida”.
“San Cayetano, aquí tienes a tu
pueblo, un pueblo que sigue creyendo que el trabajo es un derecho, que el
trabajo es dignidad”.
“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, que no quiere resignarse
a que el trabajo sea una mercancía y que haya que tener dos o más empleos para
llegar a fin de mes, o caer en la trampa de los créditos que endeudan y
asfixian a muchísimas familias”, añadió.
“San Cayetano, aquí tienes a tu pueblo, un pueblo creyente con
la fe heredada de los abuelos, que sabe que la responsabilidad y la solución
concreta a los problemas económicos y sociales la tiene una clase dirigente que
a veces parece mirar para otro lado y poner toda su energía en
descalificaciones y debates estériles que no resuelven la vida de nadie”,
lamentó.
El arzobispo terminó su homilía invitando a los fieles a
prepararse para la próxima visita
del Papa León XIV a Argentina. Para ello, tomó las palabras del Santo Padre sobre la
realidad del trabajo, en las que recuerda que “el centro de cualquier dinámica
laboral no deben situarse ni el capital, ni las leyes del mercado, ni el lucro,
sino la persona, la familia y su bien, respecto a los cuales todo lo demás es
funcional”.

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