SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



viernes, 12 de junio de 2026

SEPAMOS MÁS de la BELLOTAS, fruto del árbol de roble, valor proteico y como consumirlas, abandonadas y pisoteadas cada año.

 

Los frutos del roble (conocidos como bellotas) son comestibles en Argentina, al igual que en el resto del mundo. Sin embargo, nunca deben consumirse crudos directamente del árbol. Mientras incrementa el conocimiento en relación a las castañas y a la micología, las bellotas caen olvidadas pasando a formar parte del hummus que alimentará la creación de las siguientes, año tras año. Olvidadas a los ojos humanos.



RECOLECTAR. Se recolectan en otoño, entre septiembre y diciembre, según la especie. Se pueden recoger del suelo o varear el árbol (como con la oliva). César comenta que al ir recogiéndolas una a una, puedes ir fijándote si tienen algún agujerito (consecuencia de insectos dentro) o si pesan poco, por lo que puedes desecharlas y lanzarlas lejos de donde estés para no caer en volver a recolectarlas.



SECAR. Al sol, al calor residual del horno, colgando una cesta en un radiador, o en la cocina económica,… Se trata de secarlas bien para evitar la aparición de moho y poder conservarlas tranquilamente durante mucho tiempo.

Extraer la cáscara, introduciéndolas en una bolsa y golpeándolas y pisándolas.

SELECCIONAR. Escoger las que estén sanas, libres de moho y de insectos.



GUARDAR. Se conservan en botes de vidrio, bien cerrados.

DESAMARGAR. Se trata de quitar los taninos, y como son hidrosolubles, se puede hacer de varias formas.

  • Trocearlas y rehidratarlas en bastante agua de calidad (100 g por litro de agua). Cambiar el agua 2-3 veces al día, durante 2-3 días hasta que el agua salga clara y las bellotas no sepan amargas. Colar.
  • Hervirlas 5-10 minutos (100 g de bellota por 1 litro de agua de calidad). Reposar y colar.

PROCESAR. Se puede triturar y dejar secar (métodos mencionados) para poder conservarla en forma de harina de bellota.



Valor nutricional de las bellotas

Extraído del libro «Manual de cocina bellotera para la era post petrolera» (puedes adquirirlo aquí, o descargártelo de forma gratuita aquí), en el que César Lema hace una exhaustiva recopilación de datos científicos, podemos decir que la composición nutricional de la bellota puede variar dependiendo de la especie, de la variedad de árbol, del terreno en el que crezcan y de las condiciones climáticas de cada temporada.

La bellota sin cáscara (exterior) y sin cutícula (piel fina interna) contiene, como más relevantes, los siguientes nutrientes:

Agua: 30-40 %.

Hidratos de carbono: 60-70 %  de la MS (materia seca); de los cuales 40-50% corresponderían a almidón y un 10% a azúcares fácilmente degradables (glucosa y sacarosa). La harina de bellota tiene una respuesta glucémica baja y lenta en comparación con el pan blanco, las patatas y los cereales procesados.

Lípidos: 5-10 % de la MS, con un contenido de ácido oleico superior al 60 % (el aceite de oliva está en una media del 70 % de oleico), w3 0,73-1,70%, y w6 en un 12,2-18,5 %.

Proteínas: 4-8 % de la MS (con todos los aminoácidos esenciales, salvo el triptófano, que sí podría estar presente en bellotas del roble rojo americano, Quercus rubra). Mejor, complementar con leguminosas, mijo, quinoa o alforfón.

Taninos: 0,5 – 9 % de la MS (sustancias amargas).

Calcio: 70-140 mg/100 g de MS. Su contenido se incrementa cuando tostamos la bellota.

Potasio: 600-800 mg/100 g de MS.

Fósforo: 80-110 mg/100 g de MS.

Atención: Podríamos decir que consumir grandes cantidades de taninos puede ocasionar efectos adversos sobre la salud.

 Fuente: Ecología Verde-

 

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