Los frutos del
roble (conocidos como bellotas) son comestibles
en Argentina, al igual que en el resto del mundo. Sin
embargo, nunca deben
consumirse crudos directamente del árbol. Mientras incrementa el conocimiento en
relación a las castañas y a la micología, las bellotas caen olvidadas pasando a
formar parte del hummus que alimentará la creación de las siguientes, año tras
año. Olvidadas a los ojos humanos.
RECOLECTAR. Se recolectan en otoño, entre septiembre y diciembre, según la
especie. Se pueden recoger del suelo o varear el árbol (como con la oliva).
César comenta que al ir recogiéndolas una a una, puedes ir fijándote si
tienen algún agujerito (consecuencia de insectos dentro) o si pesan poco, por
lo que puedes desecharlas y lanzarlas lejos de donde estés para no caer en
volver a recolectarlas.
SECAR. Al sol, al calor residual del horno, colgando una cesta en un
radiador, o en la cocina económica,… Se trata de secarlas bien para evitar la
aparición de moho y poder conservarlas tranquilamente durante mucho tiempo.
Extraer la
cáscara, introduciéndolas en una bolsa y golpeándolas y pisándolas.
SELECCIONAR. Escoger las que estén sanas, libres de moho y de insectos.
GUARDAR. Se conservan en botes de vidrio, bien cerrados.
DESAMARGAR. Se trata de quitar los taninos, y como son hidrosolubles, se puede
hacer de varias formas.
- Trocearlas
y rehidratarlas en bastante agua de calidad (100 g por litro de agua).
Cambiar el agua 2-3 veces al día, durante 2-3 días hasta que el agua salga
clara y las bellotas no sepan amargas. Colar.
- Hervirlas
5-10 minutos (100 g de bellota por 1 litro de agua de calidad). Reposar y
colar.
PROCESAR. Se puede triturar y dejar secar (métodos mencionados) para poder
conservarla en forma de harina de bellota.
Valor nutricional de las bellotas
Extraído del
libro «Manual de cocina bellotera para la era post petrolera» (puedes
adquirirlo aquí, o descargártelo de forma gratuita aquí), en el que César Lema hace una exhaustiva recopilación
de datos científicos, podemos decir que la composición nutricional de la
bellota puede variar dependiendo de la especie, de la variedad de árbol, del
terreno en el que crezcan y de las condiciones climáticas de cada temporada.
La bellota
sin cáscara (exterior) y sin cutícula (piel fina interna) contiene, como más
relevantes, los siguientes nutrientes:
Agua: 30-40 %.
Hidratos de
carbono: 60-70 % de la MS (materia
seca); de los cuales 40-50% corresponderían a almidón y un 10% a azúcares
fácilmente degradables (glucosa y sacarosa). La harina de bellota tiene una
respuesta glucémica baja y lenta en comparación con el pan blanco, las patatas
y los cereales procesados.
Lípidos: 5-10 % de la MS, con un contenido de ácido oleico superior al 60
% (el aceite de oliva está en una media del 70 % de oleico), w3
0,73-1,70%, y w6 en un 12,2-18,5 %.
Proteínas: 4-8 % de la MS (con todos los aminoácidos esenciales, salvo el
triptófano, que sí podría estar presente en bellotas del roble rojo
americano, Quercus rubra). Mejor, complementar con leguminosas,
mijo, quinoa o alforfón.
Taninos:
0,5 – 9 % de la MS (sustancias amargas).
Calcio: 70-140 mg/100
g de MS. Su contenido se incrementa cuando tostamos la bellota.
Potasio: 600-800 mg/100
g de MS.
Fósforo: 80-110 mg/100
g de MS.
Atención: Podríamos decir que consumir
grandes cantidades de taninos puede ocasionar efectos adversos sobre la salud.
Fuente: Ecología Verde-




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