Solemos escuchar y decir, en
invierno y cuando hay mal tiempo, -me duelen los huesos, en realidad son las
articulaciones-
Durante los meses de
invierno, además del clima, existen factores estacionales que pueden
contribuir al aumento del dolor articular, especialmente en personas con
enfermedades musculoesqueléticas, como, por ejemplo:
- Menor exposición a la luz
solar puede
asociarse a niveles bajos de vitamina D,
importante para la salud ósea y muscular.
- Reducción de la actividad
física y aumento del sedentarismo, factores
que favorecen la rigidez articular y la pérdida de
movilidad.
- Exposición prolongada al
frío,
especialmente cuando no se utiliza ropa adecuada para proteger
las articulaciones.
- Cambios en el estado de
ánimo, que también pueden influir
en la percepción del dolor.
Estos factores pueden
contribuir de forma relevante al aumento de las molestias
articulares durante el invierno.
Qué
se puede hacer para aliviar el dolor articular en invierno
La reducción del dolor
articular durante los meses fríos se basa en la combinación de hábitos
saludables y medidas de cuidado adaptadas a cada persona.
1. Mantener actividad física regular: realizar ejercicio
suave, como caminar, nadar, hacer estiramientos o practicar yoga adaptado,
ayuda a mantener la movilidad articular y a reducir el dolor.
2. Aplicar calor local: el uso de almohadillas
térmicas o baños calientes puede mejorar el flujo sanguíneo y aliviar la
rigidez articular.
3. Seguir una alimentación equilibrada: patrones alimentarios
como la dieta mediterránea, ricos en frutas, verduras y ácidos grasos omega-3,
se asocian con una menor inflamación sistémica.
4. Mantener niveles adecuados de vitamina D: en caso de déficit, se
recomienda consultar con el profesional sanitario de referencia.
5. Proteger las articulaciones del frío: usar ropa térmica,
guantes y prendas que mantengan calientes las articulaciones sensibles.
¿Cuándo
consultar con un profesional sanitario?
Se recomienda consultar con
un profesional sanitario si:
- El dolor es persistente o
aumenta progresivamente.
- Aparece inflamación visible
en alguna articulación.
- Se produce una limitación
importante para realizar actividades cotidianas.
- Se acompañan otros síntomas
generales, como fiebre o malestar.
En casos de artropatía
inflamatoria, como la artritis reumatoide u otras enfermedades
autoinmunes, el seguimiento periódico es fundamental para
mantener el control de la enfermedad y prevenir daño estructural en las
articulaciones.
Fuente: Hospital Clínic Barcelona


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