Esta es
una historia vil. Y de las peores, porque dejó graves secuelas que perviven y
se extendió por muchísimos años.
Quizás siglos, dependiendo de por dónde la empieces a contar.
En el hemisferio occidental, podríamos remontarnos al zoológico
de Moctezuma, el noveno tlatoani de Tenochtitlan y gobernante de la Triple
Alianza azteca.
Según cronistas españoles como Antonio Solís y Rivadeneyra
(1610-1686), además de aves, fieras y animales ponzoñosos, tenía "un
cuarto donde habitaban los bufones, y otras sabandijas de palacio que servían
al entretenimiento del rey: en cuyo número se contaban los monstruos, los
enanos, los corcobados, y otros errores de la naturaleza".
La descripción trae a la memoria la tradición de los
"espectáculos de monstruos", que se datan al siglo XVI.
En la
Exposición Universal de Bruselas de 1958 se exhibió una «aldea congoleña» (a
veces considerada el último zoológico humano de la historia) en la que se
mostraba a casi 600 personas del Congo (incluyendo hombres, mujeres y
niños) en un entorno artificial diseñado para recrear supuestas costumbres
tradicionales y reforzar estereotipos coloniales.
Detalles de
la exhibición
Personas
afectadas: Un grupo
de aproximadamente 598 congoleños (familias enteras con cientos de niños)
reclutados para ser observados por los visitantes europeos.
El montaje: Se construyó un recinto o poblado
escenográfico simulando una vida «primitiva» bajo una mirada paternalista y
colonialista.
Desenlace: La exposición terminó de forma abrupta a
mediados de julio de 1958 debido a las protestas de los propios participantes
congoleños, quienes se negaron a seguir soportando el trato condescendiente y
humillante del público, exigiendo y logrando regresar a su país.
**Leer más sobre este evento en el artículo de
la BBC News Mundo.




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