La memoria genética transmite recuerdos de padres a
hijos. Un reciente estudio ha confirmado que estos recuerdos no se diluyen con
el paso de las generaciones y las experiencias de nuestros antepasados se
recrean en todos sus descendientes, independientemente de las generaciones
intermedias.
El ADN es nuestra identidad, se transmite de
padres a hijos y nos hace ser quien somos. Las vivencias de nuestros
antepasados influyen en nuestra cultura y en la forma en que percibimos la
vida. Pero, ¿hasta qué punto nos afecta? Nuestro genoma tiene un sistema que
almacena recuerdos,
y dichos recuerdos pueden llegar a afectarnos físicamente a la hora de afrontar
enfermedades o situaciones extremas.
La epigenética se
define como el estudio de los mecanismos que regulan la expresión de los genes sin una modificación en la secuencia del ADN.
Esta ciencia estudia los cambios heredados en los genes, pero que no alteran el ADN.
Para que lo entiendas mejor, las experiencias vividas, que no se encuentran en
el código del ADN, pueden transmitirse a los hijos.
Estudios demuestran que los descendientes de
supervivientes a experiencias
traumáticas pueden verse afectados genéticamente. Se ha
estudiado a los descendientes de prisioneros de la guerra de la Confederación
para demostrar que las experiencias en campos de prisioneros de sus antepasados
tenían influencia en sus genes.
Se descubrió que los descendientes sufrieron tasas de mortalidad más altas que
el resto de la población en general, al haberse transmitido los traumas de sus
antepasados.
Sin embargo, no se transmitieron como mutaciones del código genético, como suelen
hacerlo la mayoría de enfermedades hereditarias. La transmisión de esta memoria
se produce gracias a pequeñas etiquetas
químicas que se añaden y eliminan de nuestro ADN, en
función del entorno en el que vivimos. Las etiquetas activan y desactivan los genes,
que nos permiten adaptarnos a diferentes condiciones, pero sin producir cambios
permanentes en el genoma.
El estudio conducido por la Universidad de Tel Aviv ha
confirmado que esta memoria genética se mantiene de forma activa según se
transmite de generación en generación, según el Foro Económico Mundial. Las etiquetas que
ayudaron a sus antepasados a sobrevivir a hambrunas o infecciones, no se diluye con el paso de generaciones debido
a unas encimas, conocidas como RdRPs,
que recrean estas etiquetas químicas para mantener la respuesta a las
inclemencias vividas.



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