Ensayos del
INTA demostraron que la aplicación planificada de estiércol mejora la
fertilidad del suelo y eleva el rendimiento de los cultivos.
Durante años, el estiércol
generado en sistemas ganaderos intensivos fue considerado un residuo difícil de
manejar. Sin embargo,
investigaciones recientes muestran que, bajo un manejo agronómico adecuado,
puede transformarse en una herramienta clave para mejorar la productividad
agrícola y la calidad del suelo.
Ensayos de larga duración
realizados por especialistas del INTA General Villegas, en la provincia de
Buenos Aires, revelaron que la aplicación planificada de estiércol proveniente
de feedlots puede incrementar significativamente los rendimientos de cultivos
extensivos como maíz y soja. Los resultados preliminares de esta línea
de investigación serán presentados en una jornada técnica en el campo
experimental La Belita.
El trabajo forma parte de un proyecto iniciado en 2016 que busca
evaluar el impacto de integrar efluentes ganaderos dentro de esquemas
productivos agrícolas. En este sentido, la referente de ensayos de gestión
ambiental en feedlots del INTA, Marianela Diez, explicó: "A diferencia
de las evaluaciones de campaña, los ensayos de larga duración permiten analizar
procesos acumulativos y cambios estructurales en el sistema suelo-cultivo".
Impacto
productivo y mejoras en el suelo
Los técnicos realizaron cuatro aplicaciones bienales de
estiércol, con dosis de 20 toneladas por hectárea, lo que permitió evaluar los
efectos sobre distintos parámetros del suelo. Entre los principales
resultados se registraron mejoras en el fósforo disponible hasta los 80
centímetros de profundidad, aumentos del pH en el perfil y un incremento de la
materia orgánica en los primeros 20 centímetros.
Estos cambios se tradujeron también en mejoras productivas.
Según explica Diez: "Desde el punto de vista productivo, los
resultados muestran un incremento promedio del 26 % en el rendimiento de grano
en cultivos como maíz y soja".
Además de aportar nutrientes,
el estiércol contribuye a mejorar las propiedades químicas del suelo y a
fortalecer la estabilidad productiva de los sistemas agrícolas. Según
los investigadores, su utilización permite incluso
reducir la dependencia de fertilizantes minerales externos, lo que impacta
tanto en los costos de producción como en la huella ambiental.
No obstante, advierten que su uso requiere un manejo cuidadoso. La
acumulación de sales o sodio, si no se monitorea adecuadamente, podría
transformarse en un factor limitante para la productividad.
Por esa razón, la recomendación técnica apunta a aplicar
dosis ajustadas y realizar un seguimiento permanente de los parámetros del
suelo, integrando el estiércol dentro de una estrategia de manejo
agronómico planificada.
Los resultados del estudio ponen en evidencia el potencial de
integrar los sistemas agrícolas y ganaderos para mejorar la eficiencia
productiva. En regiones con alta concentración de feedlots, el estiércol deja
de ser un problema ambiental y pasa a convertirse en un recurso valioso. De
esta manera, la valorización de subproductos ganaderos aparece como una
alternativa concreta para fortalecer la productividad sin aumentar la presión
sobre los recursos naturales.



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