SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



jueves, 2 de abril de 2026

SEPAMOS MÁS de los TEMPLARIOS: Han sido representados durante toda la historia con sus mantos de impecable color blanco y una cruz roja como la sangre.

 

**Justicieros o asesinos, su poder era ilimitado, solo obedecían al Papa-

 

“La Orden del Temple fue fundada en 1119 por Hugo de Payns y ocho caballeros franceses en Jerusalén para proteger a los peregrinos cristianos tras la Primera Cruzada. Su misión inicial era asegurar los caminos santos, evolucionando luego a una élite militar y financiera que protegía los estados cruzados, financiada por una vasta red bancaria europea”

 


Los miembros de la Orden del Temple o templarios nacieron con solo 9 fundadores en 1118. Su objetivo era proteger a los peregrinos que viajaban a Jerusalén y luchar contra los musulmanes en el contexto de las Cruzadas. En dos siglos esta orden militar cristiana llegó a reclutar más de 30.000 soldados y a poseer una riqueza tal que incluso los reyes estaban endeudados con ella.




 

Su incontrolable poder tanto militar como político causó el recelo de los monarcas, que no podían imponer sus órdenes sobre ellos, pues los templarios solo respondían ante el Papa. Este rencor se transformó en una sangrienta persecución que duró cinco años y que finalizó en 1312, cuando Felipe el Hermoso presionó al Papa Clemente V para que prohibiese definitivamente la Orden.

Nueve hombres para defender el cristianismo



Tras finalizar la Primera Cruzada, una guerra promovida por el cristianismo con el objetivo de recuperar Tierra Santa, los cristianos reconquistaron en 1099 Jerusalén, que se convirtió en un Estado y tuvo como primer rey a Balduino I. En esa época, la seguridad en sus caminos de acceso y en la propia ciudad era precaria y los ladrones robaban y atacaban a los peregrinos. El monarca vio con buenos ojos la creación de una milicia que guardase el Santo Sepulcro de Jesucristo y protegiera a los fieles de los bandidos.

 


En 1118, Hugo de Payens y ocho compañeros se congregaron y decidieron formar un grupo. Su idea era unir sus fuerzas y, mientras éstas se lo permitieran, mantener seguros los caminos de Tierra Santa y sus peregrinos. Eran solo nueve hombres para proteger a millares de peregrinos y cruzados que acudían a Palestina. Estos monjes guerreros, acataron tres votos seculares: la pobreza, la obediencia y la castidad. Ofrecieron sus vidas y espadas para arrancar los espacios santos de los infieles musulmanes que, para ellos, profanaban los lugares santos de Jesucristo y la fe de Europa.

 


Con este plan, se presentaron al rey de Jerusalén y éste puso a su disposición un ala completa de su palacio, que se encontraba cerca de los cimientos del antiguo Templo de Salomón. De ahí procede su nombre: la Orden del Temple o templarios. En poco tiempo, el rey evacuó íntegramente el templo, dejándolo a completa disposición de los caballeros. Durante 9 años, estos soldados de Cristo perseveraron en sus objetivos sin admitir nuevos miembros.

 


En 1128, la iglesia católica celebró el Concilio de Troyes, en el que aprobó y bendijo la Orden. Así fue como los templarios fueron reconocidos oficialmente como una orden religioso-militar. Ninguna autoridad secular ni poder eclesiástico tendría poder sobre ellos. Eran autónomos y no debían obediencia ni a nobles ni a reyes. Solo respondían ante una persona: el Papa.

 

En las dos décadas posteriores a su reconocimiento, los hijos de los nobles afluyeron a alistarse en la Orden de los templarios y éstos recibieron generosas donaciones en dinero, bienes y tierras. Su crecimiento fue asombrosamente rápido, tanto que llegaron a cada rincón de la cristiandad y, al cabo de poco tiempo, la Orden poseía enormes riquezas en toda Europa.

Un poder militar, económico y social incontrolable

La Orden se asentó en toda Palestina y en los reinos europeos, en parte debido a la identificación de nobles, príncipes y vasallos con la causa, que encontraban sus ideales en las Cruzadas. Los guerreros se formaban mayoritariamente en Europa para luchar en Oriente contra los invasores turcos, mongoles, egipcios y musulmanes. En 1147 se embarcaron para luchar en la Segunda Cruzada y su reputación en la guerra fue positiva a la vez que impactante. Se les llegó a catalogar de dementes, pues sus principios les impedían pedir cuartel, es decir, clemencia. Sus batallas eran a muerte y no se rendían a no ser que el enemigo tuviera una superioridad de 3 a 1. En el siglo XIII los caballeros templarios lucharon en las guerras de reconquista de la península Ibérica, ganándose el respeto de la sociedad por su potencial en la batalla.

Desaparición de la Orden

En el siglo XIV Felipe IV El Hermoso reinaba en Francia. Por entonces, los templarios estaban firmemente establecidos, con una red de castillos a lo largo y ancho del reino. Seguían sin prestar obediencia al monarca y Felipe no podía controlar su creciente poder e influencia. Además, el rey se había endeudado con ellos. Decidió cortar por lo sano y buscó una excusa, la herejía, para perseguir y acabar con los templarios. La primera necesidad del rey era asegurarse la cooperación del Papa. A través de presiones, manejó la elección del arzobispo de Burdeos al trono papal en 1305. Con el pontífice Clemente V en su bolsillo, Felipe se cobró su influencia en la elección del Papa y entre sus exigencias incluyó la supresión de los templarios.

En 1307, los templarios de toda Francia fueron detenidos. Pero nunca se halló el dinero de la Orden y el paradero de su tesoro ha sido siempre un misterio. En Francia, fueron juzgados y torturados durante años. A partir de estas torturas, se extendieron rumores sobre ritos oscuros de los templarios, entre los cuales se encontraba un demonio al que adoraban, Baphomet, que les daba un poder inexplicable.

El 21 de marzo de 1312, en el Concilio de Vienne, el Papa Clemente V promulgó la bula Vox in excelsio, mediante la cual disolvió oficialmente la Orden. Ese fue el final de una Orden que se había vuelto demasiado poderosa en solo dos siglos. Comenzaron siendo 9 guerreros y en el momento de su disolución eran más de 30.000, con gran poder e influencia, y contaban con más de 9.000 posesiones entre iglesias y viviendas.

El mito continúa

Estos caballeros vestidos con un manto blanco y una cruz roja en el pecho, inmensamente ricos en su conjunto pero pobres individualmente, generaron un gran misterio tras su desaparición. Dónde quedó su riqueza o las artes oscuras a las que se dedicaban, fueron algunos de los puntos que crearon un fanatismo en torno a su figura, que proliferó con el paso de los años. Muchas congregaciones se han proclamado herederas de los templarios y se les ha relacionado con los Iluminati o la masonería. Aún hoy en día se escriben historias sobre ellos, tanto en la literatura como en un universo más moderno: el de los videojuegos. En solo 200 años de existencia, la Orden ha dado pie a más de 700 años de leyenda.

 

 

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