El
cultivo de remolacha forrajera (Beta vulgaris) es una alternativa
altamente eficiente y económica para la alimentación de bovinos y ovinos.
Proporciona una gran fuente de energía en el bulbo (similar al maíz) y proteína
en las hojas. Se destaca por su elevado rendimiento (hasta 30-36 toneladas de
materia seca por hectárea) y su capacidad para ser pastoreada directamente
durante el otoño e invierno.
Época de siembra: Se realiza en primavera
(fines de septiembre y octubre en el hemisferio sur). Densidad: Se
recomiendan entre 80.000 y 100.000 semillas por hectárea
Suelo y clima: Es un cultivo rústico,
con buena tolerancia a suelos salinos y al estrés hídrico. Requiere suelos bien
preparados, sueltos y libres de malezas desde el inicio.
Control de malezas: Es un
punto crítico durante el primer mes y medio. Es clave rotar los cultivos y
respetar los tiempos de carencia de herbicidas utilizados en años anteriores
para evitar fitotoxicidad.
Pastoreo directo: Las raíces crecen un 50-60% sobre la superficie del suelo, lo que facilita el consumo directo por parte de los animales sin necesidad de cosecha mecánica.
Acostumbramiento (Transición): Este
paso es obligatorio y vital. Debido a la alta concentración de carbohidratos,
se debe acostumbrar a los animales gradualmente durante 20 a 25 días. Se
comienza ofreciendo pequeñas porciones junto con otros forrajes (como rollos o
silaje) hasta que el rumen se adapte.
Dieta equilibrada:
Durante el pastoreo, el animal consume primero las hojas (aporte de proteína) y
luego la raíz (aporte energético).
Para
más detalles técnicos sobre el manejo del cultivo y la transición de los
animales, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ofrece
información útil. Pueden consultar el Manual de Remolacha Forrajera
proporcionado por Aproval para obtener lineamientos agronómicos y nutricionales
completos.




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