La máquina de escribir es un invento del siglo XIX que revolucionó el mundo empresarial, y ya cuenta con 155 años de historia. Su creador, Christopher Latham Sholes, fue un aprendiz de impresor que, al trasladarse a Wisconsin, se convirtió en editor del Wisconsin Enquirer. Dirigió otros diarios antes de dedicarse a la política, campo en el que llegó a ser miembro del Congreso de su estado.
Era un hombre de
gran ingenio. Entre otras cosas, ideó una máquina de contar billetes. El
desarrollo de este aparato daría como resultado la máquina de escribir, que
llevó a la práctica con la ayuda del impresor Samuel W. Soule, el mecánico
aficionado Carlos S. Glidden y la aportación económica de James Densmore. Sholes
patentó su creación en 1868. Cinco años después, vendió la
patente por 12.000 dólares a la empresa armamentística Remington,
que intentaba diversificar sus líneas de negocio.
Anteriormente
ya hubo intentos de construir una máquina que hiciera más fácil la escritura.
El modelo más célebre es, seguramente, el del británico Henry Mill, que en 1714
creó una con la que llegó a escribir un tratado, aunque algunos libros dan
escaso mérito a este volumen y citan como texto mecanografiado más antiguo uno
realizado en 1808 por la condesa italiana Carolina Fantoni en un artefacto
creado por su amigo Pelligrino Turri.
El primer modelo del
que se pudieron hacer copias fue el que desarrolló Sholes. Se aprovechó de la
cinta entintada que ideó un escocés unos años antes, y su
gran aportación fue el mecanismo que traslada el golpe al tipo que
se ha de imprimir.
Fabricó
25.000 unidades de este primer modelo, pero apenas vendió 1.200. No había
suficiente demanda, y la máquina era poco manejable y muy
cara: costaba 125 dólares. Para popularizarla, la casa
Remington organizaría, en 1888, concursos de velocidad mecanográfica, lo que
llevó a los medios de comunicación a interesarse en las pruebas, con lo que la
compañía ganó una publicidad efectiva y gratuita. En 1900 ya había más de
100.000 máquinas de escribir en uso.
Evolución:
Una serie de
aportaciones técnicas allanaron el camino del invento. En 1890, un
norteamericano consiguió un modelo que permitía por primera vez que el
mecanógrafo viera lo que estaba escribiendo en el papel. Uno de
los usuarios pioneros de este dispositivo fue Mark Twain. El autor de Las
aventuras de Tom Sawyer fue uno de los primeros autores en enviar a su editor
un texto escrito a máquina.
La introducción de
la máquina eléctrica también supuso un importante paso hacia delante. La más
antigua que se conoce es de 1873, un invento muy aparatoso de Thomas
Alva Edison que no llegó a comercializarse. Los
posteriores modelos fueron muy utilizados por los teleimpresores de las
agencias de prensa a finales del siglo pasado. En 1961, IBM logró una pequeña
revolución al sustituir las varillas con los tipos por una esfera giratoria,
con los caracteres incorporados, que se desplazaba sobre la superficie del
papel. Tres años más tarde, la misma compañía creó una máquina con memoria, que
permitía corregir errores y hacer copias.
Y
así como el vídeo (dicen) mató a la estrella de la radio, el ordenador haría
eventualmente lo mismo con la máquina de escribir. En 1959 esto todavía no se
veía venir. Un importante jurado escogió ese año la máquina de escribir Lettera
22, de la marca italiana Olivetti, como el "mejor producto de diseño de
los últimos 100 años".
Fuente: Historia y Vida.
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