El Magazin de Merlo
SOCIEDAD Y CULTURA - BUENOS AIRES - ARGENTINA *Editor responsable: Miguel Angel Figueiras Gimenez.
SOCIEDAD Y CULTURA
viernes, 29 de mayo de 2026
¿EXISTEN? Se entiende como VARÓN PROVEEDOR aquel responsable exclusivo de generar los ingresos para cubrir todos los gastos familiares. Que dicen los expertos.
"Si
vos querés tener una mujer que te da paz, que sea calma y que sea tranquilidad,
vos tenés que ocupar el rol que corresponde y tenés que ser
ese hombre proveedor. Ese hombre que da seguridad,
que da refugio y esa es la persona que una mujer quiere", expresó Pri
Mieres, como figura su usuario de Instagram. Un término que despertó una ola de
comentarios por el rol que pasa a ocupar en la relación.
En
Argentina, un varón proveedor es un concepto socio-cultural que describe
al hombre como el pilar económico y sostén material principal del hogar. En la
actualidad, este mandato tradicional coexiste y muta frente a la independencia
femenina y las dificultades económicas del país.
Históricamente,
se entendía al varón proveedor como aquel responsable exclusivo de generar los
ingresos para cubrir todos los gastos familiares. Este rol venía acompañado de
la idea de que su valor como hombre y pareja dependía de su éxito financiero.
La realidad económica (Argentina 2026) En la
actualidad, las condiciones económicas en Argentina hacen que el modelo de un
solo proveedor sea difícil de sostener. En la mayoría de los hogares, se
requiere un esquema de doble ingreso. Además, existen muchos hogares
monoparentales donde las mujeres son las únicas proveedoras.
En las
relaciones contemporáneas, el término evolucionó hacia una dinámica de mayor
corresponsabilidad. Si bien muchas corrientes y debates culturales reivindican
que el hombre brinde seguridad y estabilidad, el consenso actual es que
"proveer" ya no significa solo pagar cuentas. Se espera que el varón
aporte:
Corresponsabilidad en el hogar:
Compartir el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos.
Inteligencia emocional:
Proveer presencia, contención afectiva y corresponsabilidad en la carga mental
de la familia.
Equidad: Complementarse con la
pareja en lugar de ejercer una dependencia económica unilateral.
CIENTIFICOS ARGENTINOS, hallan un mecanismo común de replicación para los virus del dengue, Zika y fiebre amarilla, están trabajando en la llave para desactivar estas enfermedades.2026-
Para
avanzar en esa búsqueda, el laboratorio de Gamarnik incorporó herramientas de
modelado computacional y trabajó junto a la especialista Mernoosh Arrar y
su grupo del Instituto de Cálculo de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA y
el CONICET. A
través de análisis estructurales y simulaciones por computadora, los
científicos rastrearon compuestos capaces de unirse a esa región del ARN viral.
Dos
décadas después de haber descubierto cómo el virus del dengue logra
multiplicarse dentro de las células, el mismo grupo de científicos argentinos
consiguió un nuevo avance que podría abrir la puerta al desarrollo de
antivirales capaces de actuar contra múltiples enfermedades transmitidas por
mosquitos. El hallazgo, liderado por la viróloga Andrea Gamarnik y su equipo de
la Fundación Instituto Leloir (FIL),
demostró que los
virus del dengue, Zika y fiebre amarilla comparten un mismo mecanismo esencial
de replicación.
El
estudio, publicado en la revista científica PLOS Pathogens, también identificó moléculas
capaces de bloquear ese mecanismo común, un paso considerado
clave hacia el posible desarrollo de antivirales de “amplio espectro”, es
decir, medicamentos que puedan actuar contra varios virus al mismo tiempo. Sin
embargo, el hallazgo no implica que exista un antiviral listo para usar en
humanos. Los especialistas remarcan que el camino entre un descubrimiento
básico y un tratamiento clínico puede demandar años.
La
investigación se centró en los llamados orthoflavivirus, una familia que
incluye más de 20
virus capaces de causar enfermedades en humanos. Según explicó
el doctor en química Santiago Oviedo-Rouco, integrante del Laboratorio de
Virología Molecular de la FIL y autor principal del trabajo, el equipo
descubrió que todos estos virus comparten una estructura crítica dentro del ARN
viral que funciona como disparador de la replicación.
“Descubrimos
que todos los virus del género orthoflavivirus peligrosos para los humanos
comparten una
pieza esencial dentro del mecanismo que utilizan para multiplicarse en la
célula y además propusimos que esta pieza es un talón de
Aquiles común a todos ellos”, señaló Oviedo-Rouco.
“Muy
esperanzador”
El descubrimiento tiene relevancia porque, hasta ahora, desarrollar antivirales contra este tipo de
patógenos representaba un enorme desafío. A diferencia de las
bacterias, los virus utilizan gran parte de la maquinaria de
las propias células humanas para reproducirse, lo que dificulta
encontrar blancos terapéuticos específicos sin afectar al organismo.
Una
llave maestra
“No estamos buscando un tratamiento para una sola
enfermedad, sino una llave maestra que podría protegernos
contra múltiples virus actuales y, lo más importante, contra
amenazas que aún no conocemos”, enfatizó Oviedo-Rouco.
Para Gamarnik, el trabajo representa además la
culminación de una línea de investigación que comenzó hace más de veinte años,
cuando su laboratorio logró describir por primera vez cómo el virus del dengue
replica su material genético.
“Es el corolario de 20 años de estudios, que
comenzó con el descubrimiento de un mecanismo básico de la biología del virus
del dengue, que ahora estamos utilizando para la búsqueda de antivirales que
podrían ser útiles para muchos otros virus”, afirmó la investigadora.
jueves, 28 de mayo de 2026
LA BELLEZA de las MANOS HUMANAS, Miguel Angel estuvo más de 4 años sobre su espalda pintando el cielorraso (bóveda) de la Capilla Sixtina, a 20 metros de altura.
Arquitecto, escultor y pintor, Miguel Ángel ejerció las tres disciplinas artísticas durante su longeva vida, aunque ante todo se consideró siempre escultor: modelar la piedra era la más dura y noble de todas las artes, según sus ideales.
Por ello, cuando el Papa
Julio II le encargó pintar la imponente bóveda de la
Capilla Sixtina, Miguel
Ángel no debió reaccionar con demasiado entusiasmo.
Pero…¿cómo negarse a un encargo de tal magnitud, ordenado por el mismísimo
Pontífice, y que además debía estar bien pagado?
Más de cuatro años (1508 –
1512) se pasó el artista prácticamente recluido en el interior de la Sixtina,
tiempo durante el cual experimentó toda clase de penurias que mencionaré más
adelante. Lo que para Miguel
Ángel supuso un encargo tedioso, es hoy en día una de las grandes muestras de arte
de la historia universal, una maravilla pictórica que
todos debemos conocer y, si es posible, ver in situ al menos una vez en la vida.
Comencemos por la estancia: la Capilla Sixtina es uno de los lugares más conocidos del
conjunto Vaticano, donde se celebra el cónclave, esa
reunión a puerta cerrada en la que se escoge al nuevo Papa (fumata nera si no
se ha llegado a una resolución, fumata
bianca si finalmente se ha elegido candidato). Exteriormente
es más bien feucha, marrón y sin ningún tipo de ornamentación…¡cómo imaginar
desde fuera las maravillas que se encuentran en su interior!
Se la conoce por el nombre de «Sixtina» en honor al Papa Sixto IV, que
decidió reestructurar la capilla previa, medieval, que se caía a trozos,
llamada Capilla Magna (o Maggiore en
italiano) y decorar su interior con pinturas. Hizo llamar a los mejores
pintores del Quattrocento, entre
ellos Sandro
Botticelli o Pietro
Perugino. Estos artistas decoraron mediante la técnica
del fresco las paredes laterales de la capilla. Sin embargo, la decoración de
la bóveda permaneció excesivamente sencilla, fue pintada de azul en su
totalidad y tachonada con estrellas doradas, imitando el cielo.
Debemos comprender, por
tanto, la complejidad del proyecto: la
magnitud del espacio que debía pintar (más de 1000 m² de
superficie!), la
dificultad de una técnica como la del fresco en la que se
tenía que actuar con rapidez, la
altura en la que debía trabajar (a unos 20 metros de
distancia del suelo) y, por supuesto a ello se le suma la elección del tema. Todo
eran complicaciones.
Sin embargo, el artista contaba con alguna ventaja: conocía la
técnica del fresco, sabía utilizarla porque cuando era aún muy joven, con unos
doce o trece años, ingresó en el taller de Domenico Ghirlandaio, un célebre
pintor del Quattrocento que
también participó en las pinturas laterales de la Sixtina. Con él aprendió esta
técnica, pese a que aseguraba haberla aprendido de manera autodidacta (era
bastante orgulloso y un poco engreído, pero se lo perdonamos).
Miguel
Ángel diseñó y construyó él mismo un sistema de andamiaje que le
permitiera pintar en una altura tan elevada con la máxima seguridad posible (a
pesar de todo, parece ser que el pobre se cayó en más de una ocasión).
La primera idea que tuvo el artista para la bóveda fue
representar a los
doce Apóstoles, un tema religioso habitual y siempre bien
recibido. Dispuesto y decidido a acabar cuanto antes, Miguel Ángel inició
la pintura. No tardó mucho en darse cuenta que, con su diseño escogido, por muy
grandes que representara a cada apóstol, era insuficiente para tanto espacio,
le sobraría sitio y quedaría demasiado austero. Él era un gran artista y su
obra, aunque no se tratara de un encargo escultórico, no podía resultar
mediocre. Miguel
Ángel destruyó este primer proyecto que ya había comenzado a pintar y planteó
otro mucho más complejo.
De todos estos pasajes, aquel
que ha quedado como símbolo indiscutible es La creación de Adán, y concretamente
el detalle de las manos: con un pequeño roce, Dios le concede
a Adán la
chispa de la vida. Aunque no por ello debemos ignorar el resto de escenas, muy
originales, como por ejemplo El
Pecado Original y la Expulsión
del Paraíso, donde Miguel
Ángel representa dos momentos clave en el mismo espacio:
antes del pecado, cuando Adán y Eva aceptan el
fruto prohibido del árbol (higuera, no manzano), y la consecuencia: expulsados
por el ángel, ya pecadores.
En toda la bóveda destaca la anatomía tan miguelangelesca,
inspirada sin duda en las esculturas helenísticas, como el
torso del Belvedere y el Laocoonte (que
afortunadamente se encontró en época del artista). Además, Miguel Ángel no hacía ningún tipo de
distinción entre la masculinidad o la feminidad, por lo
visto incluso le repugnaba el cuerpo femenino, por eso sus mujeres son siempre
tan voluptuosas y musculosas, tan similares a los hombres.
Usó una gama de colores muy viva en toda la bóveda, prácticamente
fosforitos. La utilización de estos tonos tan chillones y llamativos también
tiene su explicación: Miguel Ángel sabía que estas
pinturas se verían desde el suelo, a mucha distancia. Cuanto más fuertes fueran estos tonos, más contraste
harían y mejor se podrían apreciar. Lo tenía todo calculado.












