Los Himba que optan por la vida
tradicional:
Los himba que mantienen su vida tradicional son seminómadas y
se dedican al pastoreo de cabras y vacas. Cada varios meses se
mueven a otro lugar.
Siempre en busca del agua y los pastos.
Algo que comparten con otros grandes grupos nómadas del continente, como
algunas de las etnias de Chad.
Cómo son los poblados
tradicionales
Las casas de esta tribu constan de un terreno circular protegido
con grandes matorrales espinosos para evitar la visita de las fieras.
No es un poblado propiamente dicho, no como nosotros lo entendemos, porque cada
recinto es ocupado por una sola familia, máximo dos.
Dentro del círculo hay varias casas hechas con adobe y paja.
Se acompañan de algunos graneros o despensas para la comida, más pequeños y
construidos en alto sobre pilares, una vez más para evitar la entrada de
animales.
Aproximadamente en el centro tienen un corralillo con las cabras
y vacas, su bien más preciado.
Por otro lado, hay elementos importantes a tener en cuenta cuando les
visita, aunque ellos mismos te avisan al llegar: una zona del espacio entre las
casas está delimitada por una línea invisible entre el umbral de la
casa del jefe y el fuego. Es el vínculo con el «hogar» y está terminantemente
prohibido cruzarlo o pisarlo.
Saltarse la norma de cruzar esa línea invisible es una cuestión
de honor y el castigo puede ser pagar una cabra. Aunque
creo que todo depende de las maneras con que se hacen las cosas y se discuten
después, por si acaso hay que ser cuidadoso.
Sólo pudimos estar
con las mujeres y niñas. Ellas se encargan tanto de cuidar a las cabras -ése
día había varias pariendo-, como de fabricar artesanías para la venta a los
pocos turistas que llegamos hasta allí.
Conociendo a las mujeres himba
Es impresionante ver de cerca a las mujeres embadurnadas del
maquillaje que se aplican a diario, hecho a base de polvo de
ocre y grasa animal. Junto con sus peinados, collares y pulseras.
Pero lo que más me
sorprendió fue su buen humor, su pronta sonrisa y las ganas reírse con nosotros. Todo el rato. En poco tiempo
nos ganaron con su amabilidad. Dicen que el
ocre aporta protección contra el sol y las bacterias, así como hidratación. Además, se perfuman con el humo de
las hojas de un árbol muy aromático.
Una curiosidad: las mujeres himba no se lavan nunca. Su cultura decidió hace muchísimo tiempo que el agua, tan
escasa allí, no se puede desperdiciar en su aseo. Pero sí en el de los hombres.
También me sorprendió y entristeció ver a algún crío con
heridas supurando. Con todas las moscas encima de él, que ni se molestaba en
quitar.
Realidades
que se hacen difíciles a nuestros ojos, nosotros
que venimos de un mundo sobreprotector, prefabricado y «burbuja» en buena parte
(y con muchos recursos).
La altísima
mortalidad infantil y la baja
esperanza de vida en Namibia, como en buena parte de África, encuentra su
expresión en rostros como el de estos pequeños.






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