SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



miércoles, 19 de agosto de 2015

EL MISTERIO del BESO: Provoca la liberación de oxitocina –u ‘hormona del amor'– que desata un sentimiento de cercanía y pertenencia.

La ciencia intenta explicar lo inexplicable,

Los científicos siguen intentando desentrañar el místico poder de un beso: Los labios son la zona erógena más expuesta del ser humano. Por eso, los besos son tan importantes. En ellos empiezan y terminan muchas relaciones y en su movimiento acompasado está una de las grandes misiones del cuerpo humano: la reproducción.


Todo cabe en un beso. Todo el amor y todo el desamor. Toda la pasión y toda la decepción. Toda la esperanza y toda la tristeza. ¿Cuántos amores se han forjado después de un primer beso? ¿Y cuántos se han quedado en el camino porque ese beso no fue lo esperado? ¿Cuántas relaciones han continuado, a pesar de que sentían que el final estaba cerca, gracias a un beso que hizo recordar todo lo bueno a los que lo daban? ¿Y cuántos se han interrumpido porque ya no provocaban nada? Sí: todo cabe en un beso.
Quizás la poesía pueda explicar algo...,

Si se analiza con detalle, qué cosa tan extraña es un beso. Esa forma de juntar las cabezas, de alinear nariz con nariz, de ir girando la cabeza para encontrar la postura perfecta para que los labios de muevan acompasados en una húmeda coreografía. A veces se mueven muy rápido y otras lo hacen muy lento. Unas llevan mucha ternura implícita y otras tantas es pura pasión. Y esto, que puede parecer muy poético y sin ningún fundamento más allá de lo romántico tiene una razón de ser: los labios son la zona más erógena que el ser humano tiene al descubierto. Sí, el cuerpo humano atesora más, pero todas tienen un acceso menos directo que la boca.
El beso es en extremo dulce, abrasador y tierno.

Por eso los besos y la acción de besar (que es algo que intriga al ser humano desde su más tierna infancia y que culmina con el mítico primer beso adolescente o pre-adolescente) son constante fuente de estudio e investigación. Por ejemplo, un grupo de psicólogos de la Universidad de Nueva York han desarrollado un estudio que ha arrojado estas cifras: el 59% de los hombres participantes y el 66% de las mujeres aseguraron no haber ahondado en una relación porque la pareja no besaba bien.
El primer inolvidable beso

Los psicólogos lo han interpretado como una tendencia natural del cuerpo humano para encontrar la pareja con los mejores genes y ahí entroncan con el estudio de Claus Wedekind, científico suizo, que llegó a está conclusión: las mujeres se sienten más atraídas por el aroma que desprenden hombres que tienen un código genético diferente al suyo y que resulta tener la mayor compatibilidad para la reproducción. Evidentemente, uno puede tener una noción tan exacta de cómo va a ser la futura paternidad cuando se producen los primeros besos, pero sí está demostrado que la acción de besar nos ayuda a decidir si la relación debe ir un paso más allá o no.
El beso es tan humano que los artistas
no pueden evitar pintarlo.


No todo está relacionado con la genética y con encontrar la pareja reproductiva idónea, también está la parte más visceral, más pasional de los besos. Un beso dado con ganas dispara los niveles de dopamina, el neurotransmisor que está ligado directamente al sentimiento de deseo. También provoca la liberación de oxitocina –u ‘hormona del amor'– que desata el sentimiento de cercanía y pertenencia. Ese beso apasionado también hace que la adrenalina haga bombear muy rápido el corazón y que el cuerpo suba de temperatura, anticipando lo que está a punto de suceder. Las mejillas se sonrojan, el pulso se acelera… y llega el amor. Todo empieza en la acción de los labios y en la sabiduría de lo que encuentran.

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