Aunque su actividad profesional no depende de manera directa del
campo, Alfredo Sayus sostiene intacto el compromiso con la historia que su padre
comenzó hace 40 años. En la cabaña La Narcisa, ubicada en la pequeña localidad
bonaerense de Udaquiola, la familia se dedica a la cría de caballos Percherón, una raza de origen francés que impresiona tanto por su
tamaño como por su carácter.
Durante su paso por la pista de
la Exposición
Rural de Palermo, Sayus estuvo acompañado por sus
dos hijas y por Malandra, un llamativo macho de pelaje gris y
blanco de tres años de edad. Para el criador: "Llegar a esta muestra
se vive con la misma intensidad que la de un mundial, porque permite la
comparación con otros productores. Cuando uno está en su casa le gusta lo
suyo, pero en Palermo vemos hacia dónde se está produciendo, en qué se
puede mejorar y crecer. Es una gran vidriera".
Docilidad entre toneladas de
fuerza
El Percherón es originario de
la región de Perché, Francia, y es reconocido históricamente por su aptitud
para el trabajo pesado y la tracción de grandes cargas. Sus ejemplares machos
alcanzan alturas de entre 1,65 y 1,80 metros de alzada y un peso que ronda
entre los 800 y 1.000 kilos, destacándose en el país los pelajes tordillos y
negros.
Pese a
semejante volumen corporal, Sayus destaca que el rasgo más sorprendente de
estos animales es su temperamento: "Esta raza despierta muchas preguntas,
pero la naturaleza es sabia: a tanto volumen y a tantos kilos se le
agregó un genio que es maravilloso para criarlo. Es un caballo muy manso y dócil".
Una herencia que se
transmite a caballo
El vínculo de Alfredo con los equinos se remonta a sus veranos
de infancia junto a su padre ganadero. "En una familia así casi te
hacen montar antes de aprender a caminar. De chico, el héroe de todo niño es el
padre, y si él estaba arriba de un caballo, yo quería ser como él",
recuerda.
Hoy, la emoción del criador pasa por ver a sus propias hijas
involucradas activamente en la rutina de los animales y compartiendo el espacio
de la pista. "Yo no trabajo de esto y, sin embargo, ellas ya lo
adquirieron. La magia la hace el animal; cuando interactuás con un
caballo es difícil que no te produzca nada. Ellas decidirán mañana qué
querrán hacer, pero ojalá podamos continuar con esta tradición"




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