SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



martes, 21 de julio de 2026

ARGENTINA; la pasión por el PERCHERON llegó a la RURAL de Palermo/2026-

 

Aunque su actividad profesional no depende de manera directa del campo, Alfredo Sayus sostiene intacto el compromiso con la historia que su padre comenzó hace 40 años. En la cabaña La Narcisa, ubicada en la pequeña localidad bonaerense de Udaquiola, la familia se dedica a la cría de caballos Percherón, una raza de origen francés que impresiona tanto por su tamaño como por su carácter.

 


Durante su paso por la pista de la Exposición Rural de Palermo, Sayus estuvo acompañado por sus dos hijas y por Malandra, un llamativo macho de pelaje gris y blanco de tres años de edad. Para el criador: "Llegar a esta muestra se vive con la misma intensidad que la de un mundial, porque permite la comparación con otros productores. Cuando uno está en su casa le gusta lo suyo, pero en Palermo vemos hacia dónde se está produciendo, en qué se puede mejorar y crecer. Es una gran vidriera".



Docilidad entre toneladas de fuerza

El Percherón es originario de la región de Perché, Francia, y es reconocido históricamente por su aptitud para el trabajo pesado y la tracción de grandes cargas. Sus ejemplares machos alcanzan alturas de entre 1,65 y 1,80 metros de alzada y un peso que ronda entre los 800 y 1.000 kilos, destacándose en el país los pelajes tordillos y negros.



Pese a semejante volumen corporal, Sayus destaca que el rasgo más sorprendente de estos animales es su temperamento: "Esta raza despierta muchas preguntas, pero la naturaleza es sabia: a tanto volumen y a tantos kilos se le agregó un genio que es maravilloso para criarlo. Es un caballo muy manso y dócil".

Una herencia que se transmite a caballo



El vínculo de Alfredo con los equinos se remonta a sus veranos de infancia junto a su padre ganadero. "En una familia así casi te hacen montar antes de aprender a caminar. De chico, el héroe de todo niño es el padre, y si él estaba arriba de un caballo, yo quería ser como él", recuerda.

Hoy, la emoción del criador pasa por ver a sus propias hijas involucradas activamente en la rutina de los animales y compartiendo el espacio de la pista. "Yo no trabajo de esto y, sin embargo, ellas ya lo adquirieron. La magia la hace el animal; cuando interactuás con un caballo es difícil que no te produzca nada. Ellas decidirán mañana qué querrán hacer, pero ojalá podamos continuar con esta tradición"

 

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