Para
frenar las consecuencias ambientales del fast fashion, una empresa argentina
junto a su cadena logística y una fundación le dan otra vida a la ropa. La irrupción del fast
fashion y más recientemente del ultra fast fashion,
impulsado por gigantes chinos, está generando movimientos en el mercado
argentino de indumentaria. En Argentina nació un proyecto que combina economía
circular con un entramado de sostenibilidad que reúne a varios eslabones de la
cadena de negocios.
Se trata de la iniciativa que
lleva adelante la marca de indumentaria femenina Jazmin
Chebar, que lanzó la campaña “JRecicla - Tu Jeans Suma” para
fortalecer la economía circular.
La marca propone que las
personas donen al comercio cualquier jean
en desuso a cambio de una giftcard por $50.000 para
canjear por una prenda denim.
Luego, esos jeans donados son
enviados, con la colaboración de la empresa
logística Andreani, a la fundación misionera Futuro Verde, la cual le
brinda formación y trabajo en costura a mujeres en situación de vulnerabilidad.
Esas prendas son sometidas a un proceso de higienización y ecolavado y
transformados en piezas nuevas, como ecomochilas.
Desde la fundación, ubicada en Posadas, aprovechan tejido, cierres y botones de
los jeans y los transforman en mochilas que se donan a
niños de zonas rurales de la provincia de Misiones. Si bien los diseños son de
la marca, Futuro Verde se encarga de la confección, la producción y la entrega
de productos.
El impacto de la moda rápida
La moda rápida es una tendencia
global. Los consumidores encuentran prendas más baratas y de recambio
constante, enfrentando a la industria textil local a una pérdida de
competitividad. Por otro lado, ese recambio es un
llamado de atención a la contaminación que produce el
rubro. En Argentina, con la reducción de los aranceles de importación a la
ropa, esta tendencia comenzó a imponerse y puso en alerta a marcas nacionales
que buscan diferenciarse apostando por proyectos sostenibles.
Jazmin Chebar y Futuro Verde
hacen hincapié en comunicar que un
par de jeans puede consumir 10 mil litros de agua limpia desde el cultivo de
algodón hasta la prenda terminada, invitando así a repensar los
modelos de consumo textil: una conversación que cada vez se escucha más fuerte.
Acorde a los datos que compartió
la Cámara Industrial Argentina de Indumentaria,
sólo en los primeros siete meses de 2025, las importaciones puerta a puerta
aumentaron un 258% respecto del año anterior, alcanzando 408
millones de dólares, mientras que el gasto de los argentinos en ropa durante
viajes al exterior trepó a 2.196 millones, un 111% más interanual y por encima
del récord histórico de 2017.
La fundación Futuro Verde, que
colabora también con la reconocida marca Levis, en
solo 3 años de vida, asegura haber recuperado más de 20.000 kilos de denim.
Erica Vega, su directora, explica que la iniciativa nace como respuesta a que la industria textil es
una de las más contaminantes del planeta y particularmente el denim es uno de
los tejidos que más agua consume.
Considerando que desde la semilla de algodón hasta la prenda
terminada para fabricar un pantalón se pueden llegar a consumir hasta 10
mil litros de agua dulce, desde la fundación destacan el
impacto positivo en la huella
hídrica de su trabajo.
"Una forma de combatir el fast fashion es
reparando nuestra ropa", considera
Vega, quien también es diseñadora de indumentaria. La empresaria resalta el
valor de formar en el oficio de la costura en este contexto: un enfoque que le
permitió en un corto período establecer contactos con marcas que buscan incorporar
prácticas de impacto positivo.
A su vez, según un informe de la Fundación Pro Tejer,
el 67% de las prendas que se consumen en el país son importadas, cifra que
crece si se registra la indumentaria que se comercializa en shoppings: el 75%
es extranjera. Mientras tanto, la mitad de las empresas nacionales del sector
textil bajó un 5% sus ventas en los primeros cinco meses del 2025.
El mismo informe remarca que las
compras por comercio electrónico que llegan desde el extranjero se triplicaron
con un crecimiento del 211%, el cual equivale a 242 millones de dólares. De ese
total, se estima que al menos la mitad corresponde a indumentaria.
En un mercado presionado por la
moda rápida, estas experiencias muestran que la circularidad y el triple
impacto pueden convertirse en un diferencial, así como la articulación entre
organizaciones sociales e industria pueden ofrecer respuesta a su enorme huella
ambiental.
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