Corría agosto de 2015 y Europa
presenciaba el mayor movimiento de población desde el final de la Segunda
Guerra Mundial. Más de un millón de personas llegarían a la UE en los meses
siguientes, impulsadas por la violencia en Siria, Afganistán, Irak y otros lugares.
Presencié
las llegadas a Lesbos y conocí a Paris Laoumis mientras ayudaba a solicitantes
de asilo exhaustos cerca de su hotel.
"Estoy
orgulloso de lo que hicimos entonces", me dice. Junto con voluntarios
internacionales, proporcionó comida y ropa a los que llegaban.
Hoy la playa está tranquila. No
hay solicitantes de asilo. Pero Paris está preocupado. Cree que es posible otra
crisis. Con el aumento de llegadas durante los meses de verano, el ministro de
Migración de su país ha advertido del riesgo de una "invasión", con
miles de personas procedentes de países como Sudán, Egipto, Bangladesh y Yemen.
"Claro
que me preocupa. Veo el sufrimiento de la gente. No vienen aquí, pero lo vemos
en Creta (la isla más grande de Grecia), adonde ha llegado gente. Así que es
posible que con las guerras venga más gente".
En
2015, seguí a los solicitantes de asilo mientras subían a los ferries,
caminaban penosamente bajo el calor por las vías del tren, atravesaban campos
de maíz, bajaban por caminos rurales y por carreteras, abriéndose paso a través
de los Balcanes y continuando hacia Alemania y Escandinavia.
El número de personas que
entraron en Alemania se disparó de 76.000 en julio a 170.000 el mes siguiente.
El
último día de agosto la canciller Angela Merkel declaró: "Wir schaffen das"
(podemos hacerlo), lo que muchos interpretaron como una señal de abrir los
brazos a los solicitantes de asilo.
"Alemania
es un país fuerte", dijo. "La motivación con la que abordamos estas
cuestiones debe ser: ¡hemos logrado tanto, podemos hacerlo! Podemos hacerlo, y
cuando algo se interpone en nuestro camino, hay que superarlo, hay que trabajar
en ello".
Una Suecia en transformación
La
persistente preocupación pública ha provocado un aumento del apoyo a los
partidos de extrema derecha en toda la UE, incluso en lugares como Suecia, que
históricamente se ha enorgullecido de ser una nación acogedora para quienes
huyen de la persecución.
El
partido Demócratas de Suecia, de extrema derecha, obtuvo el 20,5 % de los votos
en las elecciones generales de 2022, lo que los convirtió en el segundo partido
más grande del país.
A
cambio de apoyar a un gobierno de coalición minoritario, han visto cómo gran
parte de su plataforma antimigratoria moldeaba la política gubernamental.
La
reunificación familiar de los migrantes se ha dificultado, al igual que las
condiciones para la residencia permanente, y las cuotas de asilo se han
reducido sustancialmente.
Tumbas marcadas con un "Desconocido"
De
vuelta en Lesbos, visité un lugar que he llegado a conocer tras muchos años de
informar sobre problemas migratorios allí.
A unos
30 minutos en coche del aeropuerto de Mitilene, en medio de olivares, se
encuentran las tumbas de los solicitantes de asilo que murieron intentando
llegar aquí o en los campos de refugiados establecidos después de 2015.
Numerosas
tumbas están marcadas simplemente como "Desconocido", el último lugar
de descanso de quienes creyeron que Europa les ofrecería una vida mejor.
Cuando
las visité, había tres tumbas recientes y una cuarta abierta esperando el
enterriero. Es un recordatorio aleccionador de que las personas desesperadas
seguirán intentando llegar a Europa, a pesar de los enormes riesgos.
En lo
que va de año, el número de solicitantes de asilo detectados intentando llegar
a Europa ha disminuido un 20%.
Las
cifras pueden aumentar y disminuir, pero las crisis globales que impulsan la
migración no van a desaparecer. Ese es el desafío fundamental para los
políticos, independientemente del partido que esté en el poder.
Información
adicional de Bruno Boelpaep, Nick Thorpe, Daphne Tolis y David McIlveen




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