** "SEÑAL
DE ALERTA" Muchos políticos conservadores japoneses, después de que se
conocieran a finales del año pasado que había un récord de 3,76 millones de
residentes extranjeros en el país, hicieron campaña afirmando que estos
quitaban puestos de trabajo a los trabajadores japoneses y que eran más
propensos a cometer delitos.
En
Kawaguchi y Warabi, dos ciudades de la prefectura de Saitama que cuentan con
una amplia comunidad de kurdos, se han reportado este año varios incidentes
entre los vecinos y migrantes, después de que algunos dirigentes locales, que
contaban con el altavoz de las redes sociales y periódicos afines, aseguraran,
sin datos, que la presencia de los kurdos había provocado un aumento de la
delincuencia.
La
primera mujer en gobernar la cuarta economía mundial relanza uno de los lemas
de la extrema derecha importado de Estados Unidos: "Japón primero"
Durante
más de dos siglos, Japón fue
probablemente uno de los países más aislados del mundo. Bajo una política
conocida como sakoku, se
prohibió la entrada de extranjeros y la pena de muerte caía sobre aquellos
japoneses que intentaran salir. Para los gobernantes nipones, todo lo que había
fuera representaba una amenaza: potencias coloniales apropiándose de imperios
asiáticos, comerciantes que daban alas a la codicia y misioneros europeos que
llenaban las calles de doctrinarias religiones lejanas.
Hay
muchos sociólogos japoneses que defienden la teoría de que ese aislamiento
prolongado generó una conciencia nacional basada en la homogeneidad, en la idea
de que la fortaleza del país reside en su unidad étnica y cultural, en
preservar una supuesta pureza. Y que, a pesar del posterior expansionismo por
Asia y su más reciente explosión de modernidad y tecnología, este pensamiento
ultranacionalista continúa muy arraigado en parte de la sociedad.
Una
de las primeras medidas que tomó tras jurar el cargo la nueva primera ministra
de Japón, Sanae Takaichi,
fue crear una oficina en su gabinete para promover lo que llamó una
"sociedad de coexistencia ordenada con extranjeros". En otras
palabras, una agencia para perseguir la inmigración irregular y supervisar
próximas políticas migratorias mucho más duras.
Takaichi,
la primera mujer en gobernar la cuarta economía mundial, relanzó así uno de los
lemas de la extrema derecha japonesa, importado desde el movimiento MAGA del
presidente estadounidense Donald Trump,
y que ella abrazó durante su campaña: "Japón primero".
La
líder nacionalista ha manifestado que la migración, más que una oportunidad
para uno de los países más envejecidos del mundo y con los índices de natalidad
en mínimos históricos, es una amenaza para la siempre
pretendida armonía interna. Defiende que la mano de obra
extranjera tiene que entrar en sectores muy específicos donde el país tiene
escasez, pero siempre y cuando se cumplan estrictos criterios como el dominio
del japonés y la formación.
En
las próximas semanas se prevé un giro radical en materia de inmigración con
medidas más estrictas para lograr visados, permisos de residencia y el
cumplimiento de los impuestos por parte de los residentes extranjeros, que apenas
representan un 3% de una población de más de 120 millones de personas.
Desde la formación gobernante, el Partido Liberal Democrático (PLD), han
asegurado que se revocarán las visas de extranjeros residentes de largo plazo
si estos incumplen las nuevas normativas que se van a aprobar.
El
martes, en su primera rueda de prensa tras ser elegida primera ministra por el
Parlamento, Takaichi prometió trabajar para restaurar el poder económico de
Japón y profundizar la relación con Estados Unidos bajo
la presidencia Trump, quien viajará en unos días a Tokio para reunirse con la
nueva líder, discípula política del difunto primer ministro conservador Shinzo Abe,
que mantenía una muy buena sintonía con el republicano.


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