**Básicamente Carmina Burana (1936) es una cantata
escénica compuesta por el alemán Carl
Orff, famosa por su fuerza dramática y el icónico coro "O
Fortuna". Basada en poemas medievales de monjes rebeldes del siglo
XIII encontrados en Baviera (Códex Buranus), la obra celebra el hedonismo, el
amor y los placeres de la vida, estrenándose en Fráncfort en 1937.
Con más de sesenta registros
discográficos comerciales, una abundante presencia en bandas sonoras de
películas y anuncios de televisión, y cientos de representaciones en todo el
mundo cada año, Carmina Burana se ha
convertido en la obra sinfónico-coral más
popular del siglo XX. Comúnmente despreciada por un influyente
sector de la crítica, los ataques vertidos contra ella y su autor al término de
la Segunda Guerra
Mundial son en sí mismos un revelador testimonio de los dogmas del discurso vanguardista de
la posguerra.
En esta entrada exploraremos las
coordenadas estilísticas e ideológicas de esta obra, prestando atención a su
génesis, su lenguaje armónico y su recepción.
Para entender
la naturaleza musical de los Carmina
Burana –canciones [de la abadía] de Bura–, debe tenerse en
cuenta que Carl Orff es
recordado hoy en día no solo por esta obra, sino también como artífice y
desarrollador del Orff-Schulwerk, un ambicioso
método de enseñanza diseñado específicamente para niños en edad escolar.
Cofundador –junto a la bailarina Dorothee Günther– de la Escuela Günther de Múnich en 1924, un
centro dedicado a la gimnasia, la música y la danza, su nombre quedó asociado
inicialmente a su revolucionario método de enseñanza musical, basado en la combinación de movimiento, lenguaje y
música.
Interesado igualmente en la
composición, Orff participó activamente en los festivales
anuales de música contemporánea celebrados en esta ciudad
entre 1929 y 1931 bajo la dirección de Hermann Scherchen, donde pudo escuchar el Lehrstück de Paul Hindemith
(con libreto de Bertolt Brecht), La historia del soldado y Oedipus Rex de Stravinski, y El vuelo de Lindberg de
Kurt Weill y Brecht, y donde participó en los ensayos de la ópera escolar Der Jasager –traducible
por «El que dice sí»–, también de Weill y Brecht. La naturaleza pedagógica de
este proyecto –que el ministerio de educación prusiano quiso promocionar en
todas las escuelas alemanas– concurrió con los de Orff, imbuido de los ideales utilitarios y
democratizadores que animaron a una buena parte de la vanguardia alemana de la República de Weimar (Kim H. Kowalke,
«Burying the Past: Carl Orff and His Brecht Connection», The Musical Quarterly, 2000).
La victoria de Adolf Hitler en la elecciones alemanas de 1933 supuso un profundo revés a este ecosistema cultural,
abocando al exilio inmediato a algunos de sus protagonistas –Scherchen, Weill y Brecht–, mientras otros –como
Hindemith, que lo hizo finalmente en 1938– intentaron adaptarse a la nueva
situación. Este tipo de escisiones se reprodujeron en el seno mismo de la
Escuela Günther, pues mientras Orff fue denunciado en 1933 desde la revista
oficial de la Liga Militante para la Cultura Alemana
–de ideología nazi– por su «falta de respeto
hacia los maestros antiguos» y por su uso
«modernista» de los instrumentos de percusión, Dorothee Günther –su socia y miembro de esta liga– se
afiliaba al partido nazi. Orff, escasamente conocido aún como compositor y ocultador de la condición de judío de su abuelo paterno –lo cual le habría convertido en un «mestizo de 2º
grado», de acuerdo con los criterios de «pureza racial» promulgados por las Leyes de Núremberg de 1935–,
No militó en el partido ni declaró jamás
afinidad por sus principios ideológicos, lo cual no le impidió buscar acomodo
en la nueva escena musical alemana, venciendo los prejuicios expresados contra
su música desde diversas instancias culturales nazis y alcanzando eventualmente
el reconocimiento artístico a una edad relativamente tardía –a los 42 años–
gracias al éxito de sus Carmina Burana (Kowalke, 2000).





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