No habíamos oído hablar del Black Ivory
Coffe, del cual una simple taza cuesta nada menos que entre 50 y
70 dólares en la cafetería de un hotel de lujo.
Este brebaje para por otro inusual proceso: en la lejana Tailandia,
justo en la localidad de Ban Ta Klang, al sur del país, un grupo de personas se
ocupa de hacer que miles de frutos maduros del café sean integrados a la
alimentación de varios elefantes y que en su digestión se produzca un
interesante marinaje junto a hierbas y otras plantas.
En
Tailandia el elefante forma parte del paisaje histórico y contribuye desde
siempre a la vida de los humanos.
Han sido ellos los encargados, por su fortaleza, de transportar
grandes cantidades de madera talada, y hasta en otros tiempos sirvieron para la
guerra. Hoy en día representan un medio indispensable para que los nativos se
ganen la vida, dándole paseos a los turistas, participando en procesiones
religiosas, y ahora convirtiéndose en el motor esencial de la producción de un
caro y exquisito café.
Como no
se trata de una tradición ancestral y mucho menos del alimento habitual de los
elefantes, al canadiense Blake Dinkin se le ocurrió experimentar este método
que él mismo ya había intentado con la civeta de Etiopía en 2002.
Como dieta diaria, el equipo de empleados que este emprendedor
contrata suele preparar una mezcla que incluye plátanos, salvado de arroz y
café Arábiga que Dinkin compra a tribus que viven en las montañas del norte de
Tailandia, cerca de la frontera con Myanmar.
Seguidamente, cuando esta maquinara de alimentación-digestión-excreción
está ya en movimiento, solo queda por esperar de 15 a 70 horas para que los
paquidermos depositen sus enormes bostas de excrementos, de las cuales los
empleados extraerán la semilla del café, obviamente sin su pulpa y con un sabor
que las hace especial.
Son las
enzimas del estómago del elefante las que reducen las proteínas que provocan
amargura habitual del café, dando paso a que la semilla adquiera un sabor más
suave.
"El aroma es floral y a chocolate –abunda Dinkin-,
su sabor es a malta de chocolate con un poco de cereza, no hay amargura
ninguna, es muy suave, como el té, así que es como un cruce entre el café y el
té".




No hay comentarios:
Publicar un comentario