SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



martes, 10 de enero de 2017

Hoy recordamos a la querida María Elena Walsh, quien nos contó antes de dejarnos de sus amores, pasiones y las tres mujeres mas importantes de su vida -Aunque sabemos que nunca se fue-


María Elena Walsh murió el 10 de enero de 2011, a los 80 años, víctima de una larga enfermedad. Fue una de las autoras infantiles más importantes del mundo de habla hispana, además de compositora, cantante y lúcida ensayista.
Entre las muchas pasiones que María Elena Walsh defendía, no eran las políticas de la sexualidad una causa proclamada. “No creo que haya que andar ventilando las cuestiones íntimas o hacer de la sexualidad una pancarta”, había sentenciado hace no mucho tiempo.

A pesar de sus reservas y su estilo pudoroso, podría decirse que este texto fue su salida del clóset más pública, al describir con gran ternura el amor que profesaba por su pareja, la fotógrafa Sara Facio: “ese amor que no se desgasta sino que se transforma en perfecta compañía”. Antes de ella, otras pasiones, como Leda Valladares o María Herminia Avellaneda, supieron enriquecer y rumbear su destino.
Maria y Leda Valladares

Con Valladares, por ejemplo, se embarcaron a Europa, allá por la década del cincuenta, y en el mismísimo barco que las transportaba probaron sus voces de folclore, para fascinar luego, en París, a Pablo Picasso y Joan Miró, o compartir un camarín con Charles Aznavour.
“París era la libertad”, ha dicho María Elena de aquellos tiempos bohemios. “Acá [en Argentina] había dos presiones muy grandes para cualquier joven, y más para una chica: una era la familiar, y la otra la de la sociedad en que vivíamos. Estábamos en una dictadura donde la Iglesia tenía como siempre una pata metida, y era lógico que una se sintiera presionada por todos lados”.
Maria y Maria H. Avellaneda

Existe en Argentina una tradición de escritoras y poetizas (Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik, por citar un par) cuyos diarios han sido purgados de todo contenido homosexual. Pero no es este el caso de María Elena, cuyos secretos voluntarios habría que entender como una forma estética que vincula sus estilos de vida y escritura:
“Una cosa es el pánico homosexual, y esa forma terrible de discriminación que es la censura, y otra muy distinta el silencio y la reserva asumidos voluntariamente”, argumentaba María Elena. “Ese es el problema de la gente reservada como yo, que, a la hora de hacer confidencias, se da cuenta de que escribiendo es más fácil. Y eso sucede porque en la escritura uno está como escondido, no muestra la cara, y les puede dar forma a las ideas y a los recuerdos como mejor le parezca (…) El amor entre hombres está más liberado, porque ellos son piolas y liberan todo en su favor, pero a las mujeres nos cuesta más, y cuando nos sancionan nos dan con todo”.
Maria y Sara Facio

María Elena supo defender los derechos de la mujer, desde una perspectiva personal y libre, no atada a ningún partidismo: “Decime cuántos no verían con malos ojos que una mujer se niegue a la maternidad y diga ‘me revienta ser madre y tener hijos’. En este sentido, creo que las mujeres seguimos siendo poco perdonadas, y ahí es donde se nota que en nuestro país no ha habido feminismo”.


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