Los meros se encuentran ampliamente
distribuidos en mares cálidos, tanto en aguas profundas como en arrecifes poco
profundos. Muchos son de color verde opaco o marrón, pero algunos presentan
patrones brillantes y llamativos. Los que habitan en aguas profundas tienden a
ser mucho más rojizos que los que viven cerca de la costa.
Estos peces son teleósteos ,
que se caracterizan por una mandíbula superior móvil que sobresale cuando abren
su gran boca.
Los meros no son nadadores ágiles ni
veloces ni de larga distancia, pero suelen tener cuerpos grandes. El tamaño y
el peso varían según la especie, pero pueden superar el metro de longitud. El
más grande es el mero goliat del Atlántico (Epinephelus itajara), que puede
alcanzar los 2,5 metros de longitud y pesar hasta 450 kg.
La mayoría de los meros son peces
solitarios que recorren los arrecifes y aguas poco profundas en busca de sus
presas. Sus bocas y branquias forman
un potente vacío que les permite succionar peces, pulpos y crustáceos, que
tragan enteros. Las gruesas placas dentales de la faringe les ayudan a
descomponer el alimento. También utilizan la boca para excavar refugios en la
arena y bajo las rocas.
Se utilizan diversos métodos de captura
para el mero, como línea de mano, redes y artes de arrastre. En las zonas de
arrecifes de coral, donde puede ser difícil capturarlo con redes
convencionales, a veces se emplean métodos de pesca ilegales, como explosivos y
venenos, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por frenar esta práctica.
Como resultado, varias especies de mero han sido catalogadas como casi en
peligro de extinción o en peligro de extinción, y se valora positivamente el
desarrollo de técnicas de cultivo para el mero, con el fin de satisfacer la
demanda del mercado y reducir la presión pesquera.
Un dato poco
conocido sobre los meros es que comienzan su vida adulta como hembras, antes de
que algunos de los peces más grandes se transformen en machos. En las
poblaciones de meros silvestres, los machos grandes tienden a ser capturados
primero, lo que provoca un desequilibrio en la proporción sexual y amenaza la
reproducción de la especie.
Taiwán ha
criado juveniles capturados en la naturaleza desde 1975, pero la cría en
cautividad se vio obstaculizada por la falta de machos, hasta que
investigadores taiwaneses desarrollaron con éxito métodos para inducir
artificialmente el cambio de sexo. Otros países siguieron el ejemplo, y ahora
más de una docena de especies de mero pueden cultivarse en acuicultura, desde
el huevo hasta el plato. La mayoría de los meros se crían actualmente en Asia,
en países como China, Taiwán, Indonesia, Malasia, Japón y Vietnam. Las granjas
pueden utilizar tanques de recirculación de agua en tierra, jaulas de red en el
mar o estanques costeros.
Según la
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO), la demanda de mero alcanzó las 500.000 toneladas en 2020, abastecidas a
partes iguales por la pesca y la acuicultura. Se espera que el desarrollo de
nuevas técnicas acuícolas para la producción de huevas y juveniles de mero
impulse un rápido desarrollo del sector durante la próxima década.
Los meros
están incluidos en el Estándar de Peces Marinos Tropicales de la ASC, que cubre
una variedad de especies de peces tropicales, incluidos pargos, pámpanos,
barramundis y corvinas.
El programa
de la ASC exige que las granjas sean evaluadas de forma independiente y que se
proporcione un alto nivel de transparencia, poniendo todos los informes de
auditoría a disposición del público en su sitio web.
Impactos
del cultivo del mero
El cultivo
de peces marinos tropicales, incluido el mero, se ha asociado con una serie de
impactos ambientales, como el uso de ingredientes marinos en los alimentos,
impactos negativos en la biodiversidad, transferencia de enfermedades y
parásitos, y contaminación que afecta la calidad del agua y el fondo marino.
Los
productores de peces marinos tropicales certificados por ASC deben trabajar
duro para mejorar los estándares en su industria, trabajar con su comunidad
local y respetar a sus trabajadores y el medio ambiente.
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