SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



martes, 26 de agosto de 2025

¿Qué son los alimentos SINTÉTICOS? y por qué podrían ser protagonistas de las mesas del futuro.

 

**Prohibidos o no, porque hacer alimentos sintéticos cuando en el mudo se tiran miles de toneladas de alimentos saludables. No creo que la ciencia pueda imitar a la naturaleza, al menos hoy. MAFG.



La población mundial ya supera los 8.000 millones de personas. Por esta razón, los estudios que garanticen la seguridad alimentaria se vuelven esenciales en la investigación científica. Cómo se desarrollan estos productos y qué analizan los expertos.

Los alimentos sintéticos, cuyo cultivo y procesamiento se realiza en laboratorios, han emergido como una opción que promete abordar los desafíos medioambientales a la vez que las necesidades nutricionales de una población mundial que ya ha llegado a los 8.000 millones de personas. Sin embargo, las naciones los adoptan con cautela: algunas, como Singapur, que fue pionera en 2020 al aprobar la carne de pollo sintética, resaltan sus beneficios mientras que otras, como Italia, acaban de prohibirlos.



La discusión se centra en la seguridad de estos métodos, su impacto en el medioambiente y cuestiones éticas sobre su comercio. Autoridades sanitarias como la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) han autorizado su producción durante 2023; sin embargo, asegurar el desarrollo y el consumo seguro de los alimentos sintéticos aún necesita de más investigación para confirmar que sean seguros, según advierte la Organización de las Naciones Unidas (ONU).



Los alimentos sintéticos, también conocidos como alimentos artificiales o alimentos de laboratorio, son productos diseñados y fabricados en entornos controlados, mediante procesos biotecnológicos y químicos para imitar la apariencia, el sabor y el valor nutricional de los alimentos convencionales. Estos productos pueden incluir desde carne y huevos artificiales hasta productos lácteos y vegetales generados en laboratorios.

En el proceso de fabricación intervienen los “granjeros celulares”. Ellos cultivan carne y pescado con fragmentos de células de animales que hacen crecer en tanques especiales. Después, transforman estas partes moleculares en músculos y grasa que se parecen a los de los animales reales. Los científicos también hacen cambios en algunas bacterias a fin de crear proteínas seguras para el consumo humano, como las que están en el queso, mediante un proceso llamado “fermentación de precisión”.

Esta técnica ha generado expectativas para producción en masa, siendo que las distintas tecnologías de fermentación empleadas para producir alimentos y sus ingredientes incluyen la fermentación tradicional, la de biomasa y la de precisión. La tecnología de fermentación de precisión ha registrado disminuciones en sus costos, lo que hace posible la proyección de proteínas a un menor costo, según una investigación publicada en Taylor & Francis Online.

Otro camino hacia la eficiencia podría ser el desarrollo de diferentes cepas de algas de alto rendimiento, potencialmente a través de ingeniería genética. Paralelamente, la combinación de un proceso de cultivo y recolección de bajo costo con la implementación de aguas residuales puede aumentar la eficacia de los sistemas de producción de algas.

Los defensores se centran en el potencial impacto positivo de esta nueva industria en el medio ambiente, pues se reduciría la extensión de las tierras de cultivo, la deforestación y la emisión de gases de efecto invernadero que causa la ganadería tradicional. Sin embargo, según un informe reciente de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), estas argumentaciones carecen de evidencia concluyente, por lo que instaron a continuar con los estudios científicos.

Además, punto que se encuentra bajo el análisis es su potencial para abordar la crisis climática, ya que fabricarlos en gran escala podría requerir grandes cantidades de energía y recursos naturales, lo cual contrarrestaría los beneficios medioambientales esperados.

En cuanto a los problemas de seguridad alimentaria, se estima que la producción de alimentos en laboratorios controlados podría prevenir la propagación de enfermedades animales y reducir la necesidad de uso de antibióticos en la cría.

 

 

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