Es un pequeño aparato blanco que combina tejidos animales con titanio
y tecnología que se usa en la fabricación de misiles el que desde el miércoles late en el cuerpo de un
hombre que sufría de insuficiencia cardíaca terminal. Por primera vez, un corazón artificial autónomo fue implantado con éxito por un equipo del hospital Georges Pompidou en París,
anunció el viernes la empresa Carmat, que inventó el dispositivo que podría salvar la vida de decenas de
miles de personas.
"Esta primera implantación se desarrolló en forma satisfactoria
(...). El paciente se encuentra actualmente bajo vigilancia en reanimación,
despierto y hablando con su familia", agregó Carmat, empresa fundada
por el cirujano Alain Carpentier, conocido mundialmente por haber inventado las válvulas
cardíacas Carpentier-Edwards.
El corazón artificial está dotado de sensores electrónicos y de un complejo sistema electromecánico que detecta la posición en la que
se encuentra el paciente -de pie, sentado o tumbado- además de la presión venosa y arterial ligada a su actividad, por lo que adapta la frecuencia cardiaca
y el fluido a las diferentes situaciones. Funciona con baterías externas de unas 6 horas de autonomía.
El corazón de Carmat "imita totalmente un corazón humano normal con
dos ventrículos que movilizan la sangre como lo haría el músculo
cardíaco, con sensores que permiten acelerar el corazón, desacelerar, aumentar
la cadencia, disminuir la cadencia. El enfermo duerme, disminuye. Sube
escaleras, se acelera, por lo que no tiene nada que ver con una pompa
mecánica", había explicado Philippe Pouletty, el cofundador del grupo.
"No
podía soportar más ver morir a gente joven y activa a los 40 años a causa de
ataques cardíacos masivos", declaró hace cuatro años
Carpentier cuando presentó por primera vez el aparato, que necesitó más de
15 años de desarrollo.
Las
autoridades sanitarias francesas dieron luz verde a finales de septiembre a
esta intervención, abriendo nuevas perspectivas para los pacientes condenados
por la escasez
de injertos disponibles.
El paciente implantado, cuya
identidad no se hizo pública, tenía que padecer una insuficiencia cardíaca
terminal, con un pronóstico vital comprometido y sin alternativa
terapéutica, según las condiciones que plantearon las
autoridades sanitarias francesas.
Carmat
asegura que su corazón artificial podría salvar cada año la vida de decenas de
miles de pacientes sin riesgo de rechazo y
garantizándoles una calidad de vida sin precedentes.



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