La identidad exacta de la «amada inmortal» de
Ludwig van Beethoven sigue siendo un misterio histórico sin resolver de forma
definitiva, aunque los historiadores debaten principalmente entre varias
candidatas principales, la que más se acerca es la Condesa Josephine van Brunsvik, alumna de piano de
Beethoven, con la cual mantuvieron una correspondencia muy íntima donde él
también la llamaba su «ángel».
LA CARTA: Lunes 6 de
julio, por la mañana. Mi ángel, mi todo, mi ser mismo. Hoy sólo unas palabras y
escribo con lápiz [el tuyo]. Sólo mañana determinaré definitivamente mi
alojamiento, qué inútil pérdida de tiempo. Por qué este dolor tan profundo
cuando se impone la necesidad, acaso nuestro amor puede perdurar como no sea a
través del sacrificio, de modo que cada uno no lo exija del otro; acaso puedes
modificar el hecho de que no eres totalmente mía, y yo no soy totalmente tuyo.
¡Oh, Dios mío, contempla las bellezas de la naturaleza y reconforta tu corazón
con lo que debe ser!
El amor lo exige
todo y es muy justo que así sea, esa es mi actitud hacia ti y la tuya hacia mí.
Pero tú olvidas muy fácilmente que debo vivir para mí y para ti; si
estuviéramos totalmente unidos sentirías el dolor tan poco como yo. Mi viaje
fue terrible; llegué aquí a las cuatro de la mañana de ayer. Como no tenía
caballos, el cochero eligió otra ruta, pero qué espantosa; en la penúltima
posta me advirtieron que no viajase de noche. Intentaron atemorizarme con la
perspectiva del bosque, pero eso acentuó todavía más mi ansiedad, y me
equivoqué. Y en efecto, la diligencia se atascó en el maldito camino, un camino
que era un océano de lodo.
Si no hubiese
contado con estos postillones no habría podido salir de ahí. Esterházy, que
viajaba por el camino normal, corrió la misma suerte que yo, pese que tenía
ocho caballos en lugar de cuatro. De todos modos, el episodio me agradó un
tanto, como es siempre el caso cuando supero con éxito las dificultades. Y
ahora pasemos rápidamente de las cosas exteriores a las interiores. Seguramente
nos veremos pronto; más aún, hoy no puedo compartir contigo los pensamientos
que tuve los últimos días en relación con mi propia vida. Si nuestros corazones
estuviesen siempre unidos, no concebiría tales pensamientos. Mi corazón
desborda con tantas cosas que necesito decirte. ¡Ah! Hay momentos en que siento
que el lenguaje de nada sirve. Anímate, continúa siendo mi auténtico y único
tesoro, mi todo, como yo lo soy tuyo. Los dioses deben deparamos lo que
merecemos. Tu fiel Ludwig.
Lunes 6 de julio,
por la noche. Estás sufriendo, mi amadísima criatura -sólo ahora supe que es
necesario despachar las cartas muy temprano la mañana de los lunes y los
jueves, los únicos días que la diligencia del correo sale de aquí para K.-
Estás sufriendo. ¡Ah, dondequiera estoy estás conmigo! Arreglaré contigo y
conmigo que yo pueda vivir a tu lado. ¡ ¡ ¡Qué vida! !!! ¡ ¡ ¡Así!!! Sin ti,
perseguido por la bondad de la humanidad aquí y allá, algo que tan poco deseo
merecer como merezco. La humildad del hombre hacia el hombre me agobia y cuando
considero mi propia persona en relación con el universo, lo que soy y lo que es
Él, el mismo al que llamamos el más grande, y todavía, aquí está lo divino del
hombre, lloro cuando pienso que probablemente no recibirás hasta el sábado la
primera noticia de mí. Tanto como me amas te amo. Buenas noches. Como estoy
tomando los baños debo ir a acostarme. ¡Oh, Dios mío! ¡Tan cerca! ¡Tan lejos!
¿Acaso nuestro amor no es de veras una estructura celestial, y también tan firme
como la bóveda del cielo?
Buenos días, el 7 de
julio. Aunque aún estoy acostado, mis pensamientos van hacia ti mi Amada
inmortal, a veces alegres y otras esperando saber si el destino nos oirá o no.
Puedo vivir totalmente solo contigo, o no viviré. Sí, estoy decidido a vagar
tanto tiempo lejos de ti hasta que pueda volar a tus brazos y decir que me
siento realmente sereno contigo. Sí, infortunadamente así ha de ser. Tú debes
dominarte tanto más cuanto que conoces la fidelidad que te profeso. Nadie puede
poseer jamás mi corazón, nunca, nunca. ¡Oh, Dios mío, por qué uno tiene que
separarse del ser Y sin embargo, mi vida en Viena es ahora muy desgraciada.
Tu amor me convierte
en el más feliz al mismo tiempo el más desgraciado de los hoi – A mi edad
necesito una vida serena y tranquila. ¿Puede aspirarse a eso en nuestra
relación? Ángel mío, acaban de decirme que la diligencia correo todos los días,
por lo tanto, debo concluir aquí mismo, porque así podrás recibir
inmediatamente carta. Serénate, sólo mediante la tranquila consideración de
nuestra existencia podremos nuestro propósito de vivir unidos. Ten calma,
ámame, hoy, ayer, qué doloroso anhelo de ti, de ti, mi vida, mi todo. Adiós.
¡Oh, continúa amando nunca juzgues mal el más fiel corazón de tu amado.
Siempre tuyo
siempre mía
siempre nuestro



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