La idea de la dignidad está vinculada con los valores y las ideas de la libertad, igualdad y justicia, de la personalidad, libre albedrío y autonomía, considerados como los fundamentos del desarrollo humano. Si se respetan esos ideales, las personas tienen oportunidades plenas para desarrollar sus personalidades y llevar la vida que eligen. Asimismo, el reconocimiento y el ejercicio efectivo de estos valores para todas las personas nos permitirán construir nuestra convivencia pacífica.
La dignidad humana es la expresión del valor intrínseco (esencial,
que no depende de las circunstancias) e inalienable (que
no puede ser revocado o restringido) que
tiene cada ser humano. Todas las personas tienen la dignidad, que
deriva de nuestra condición del ser humano y que no depende de ninguna
característica o condición (como condición social o económica, raza, religión,
edad, o género). Es por ello que la dignidad es el fundamento de todos los
derechos.
El
concepto de dignidad es la expresión profunda del respeto por los seres
humanos, de la empatía que existe entre todas y todos nosotros y del valor de
cada individuo. La dignidad —además de ser reconocida como un objetivo
fundamental de la actuación de los Estados y sociedades— es un valor compartido
por todas las grandes religiones del mundo.
Las tradiciones del Judaismo, Islam, Hinduismo y Budismo reconocen
que la dignidad es inherente al ser humano porque la humanidad es la expresión
de lo divino. De esta manera, se trata de un valor compartido por todas las
personas y todas las culturas más allá del origen aceptado de la dignidad, pues
este trasciende las fronteras y busca unificar a los países y a las sociedades
alrededor de prácticas éticas, legales y políticas similares, enfocadas en la
protección de los derechos de todos los seres humanos.
La
pérdida de la dignidad humana es, probablemente, la peor tragedia que puede
ocurrir a una persona. Aún así, no siempre resulta claro o sencillo determinar
cómo es la pérdida de la dignidad, quiénes la mantienen o quiénes la han
perdido. La pérdida de la dignidad no tiene que ver simplemente con las
condiciones socioeconómicas: “Algunas de las personas más pobres son las más
dignas. Y algunos de los más ricos carecen de dignidad.
En un mundo de pobreza e injusticia, ¿quiénes
son los indignos? ¿Son los pobres o los ricos? ¿Son las víctimas de la
violencia o los agresores? ¿Son los que pierden por la corrupción o el
funcionario corrupto?” (Glennie, 2015). Aún así, está claro que la pobreza y las
carencias no resultan dignificantes para ninguna persona.

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