El Magazin de Merlo
SOCIEDAD Y CULTURA - BUENOS AIRES - ARGENTINA *Editor responsable: Miguel Angel Figueiras Gimenez.
SOCIEDAD Y CULTURA
jueves, 28 de mayo de 2026
LA BELLEZA de las MANOS HUMANAS, Miguel Angel estuvo más de 4 años sobre su espalda pintando el cielorraso (bóveda) de la Capilla Sixtina, a 20 metros de altura.
Arquitecto, escultor y pintor, Miguel Ángel ejerció las tres disciplinas artísticas durante su longeva vida, aunque ante todo se consideró siempre escultor: modelar la piedra era la más dura y noble de todas las artes, según sus ideales.
Por ello, cuando el Papa
Julio II le encargó pintar la imponente bóveda de la
Capilla Sixtina, Miguel
Ángel no debió reaccionar con demasiado entusiasmo.
Pero…¿cómo negarse a un encargo de tal magnitud, ordenado por el mismísimo
Pontífice, y que además debía estar bien pagado?
Más de cuatro años (1508 –
1512) se pasó el artista prácticamente recluido en el interior de la Sixtina,
tiempo durante el cual experimentó toda clase de penurias que mencionaré más
adelante. Lo que para Miguel
Ángel supuso un encargo tedioso, es hoy en día una de las grandes muestras de arte
de la historia universal, una maravilla pictórica que
todos debemos conocer y, si es posible, ver in situ al menos una vez en la vida.
Comencemos por la estancia: la Capilla Sixtina es uno de los lugares más conocidos del
conjunto Vaticano, donde se celebra el cónclave, esa
reunión a puerta cerrada en la que se escoge al nuevo Papa (fumata nera si no
se ha llegado a una resolución, fumata
bianca si finalmente se ha elegido candidato). Exteriormente
es más bien feucha, marrón y sin ningún tipo de ornamentación…¡cómo imaginar
desde fuera las maravillas que se encuentran en su interior!
Se la conoce por el nombre de «Sixtina» en honor al Papa Sixto IV, que
decidió reestructurar la capilla previa, medieval, que se caía a trozos,
llamada Capilla Magna (o Maggiore en
italiano) y decorar su interior con pinturas. Hizo llamar a los mejores
pintores del Quattrocento, entre
ellos Sandro
Botticelli o Pietro
Perugino. Estos artistas decoraron mediante la técnica
del fresco las paredes laterales de la capilla. Sin embargo, la decoración de
la bóveda permaneció excesivamente sencilla, fue pintada de azul en su
totalidad y tachonada con estrellas doradas, imitando el cielo.
Debemos comprender, por
tanto, la complejidad del proyecto: la
magnitud del espacio que debía pintar (más de 1000 m² de
superficie!), la
dificultad de una técnica como la del fresco en la que se
tenía que actuar con rapidez, la
altura en la que debía trabajar (a unos 20 metros de
distancia del suelo) y, por supuesto a ello se le suma la elección del tema. Todo
eran complicaciones.
Sin embargo, el artista contaba con alguna ventaja: conocía la
técnica del fresco, sabía utilizarla porque cuando era aún muy joven, con unos
doce o trece años, ingresó en el taller de Domenico Ghirlandaio, un célebre
pintor del Quattrocento que
también participó en las pinturas laterales de la Sixtina. Con él aprendió esta
técnica, pese a que aseguraba haberla aprendido de manera autodidacta (era
bastante orgulloso y un poco engreído, pero se lo perdonamos).
Miguel
Ángel diseñó y construyó él mismo un sistema de andamiaje que le
permitiera pintar en una altura tan elevada con la máxima seguridad posible (a
pesar de todo, parece ser que el pobre se cayó en más de una ocasión).
La primera idea que tuvo el artista para la bóveda fue
representar a los
doce Apóstoles, un tema religioso habitual y siempre bien
recibido. Dispuesto y decidido a acabar cuanto antes, Miguel Ángel inició
la pintura. No tardó mucho en darse cuenta que, con su diseño escogido, por muy
grandes que representara a cada apóstol, era insuficiente para tanto espacio,
le sobraría sitio y quedaría demasiado austero. Él era un gran artista y su
obra, aunque no se tratara de un encargo escultórico, no podía resultar
mediocre. Miguel
Ángel destruyó este primer proyecto que ya había comenzado a pintar y planteó
otro mucho más complejo.
De todos estos pasajes, aquel
que ha quedado como símbolo indiscutible es La creación de Adán, y concretamente
el detalle de las manos: con un pequeño roce, Dios le concede
a Adán la
chispa de la vida. Aunque no por ello debemos ignorar el resto de escenas, muy
originales, como por ejemplo El
Pecado Original y la Expulsión
del Paraíso, donde Miguel
Ángel representa dos momentos clave en el mismo espacio:
antes del pecado, cuando Adán y Eva aceptan el
fruto prohibido del árbol (higuera, no manzano), y la consecuencia: expulsados
por el ángel, ya pecadores.
En toda la bóveda destaca la anatomía tan miguelangelesca,
inspirada sin duda en las esculturas helenísticas, como el
torso del Belvedere y el Laocoonte (que
afortunadamente se encontró en época del artista). Además, Miguel Ángel no hacía ningún tipo de
distinción entre la masculinidad o la feminidad, por lo
visto incluso le repugnaba el cuerpo femenino, por eso sus mujeres son siempre
tan voluptuosas y musculosas, tan similares a los hombres.
Usó una gama de colores muy viva en toda la bóveda, prácticamente
fosforitos. La utilización de estos tonos tan chillones y llamativos también
tiene su explicación: Miguel Ángel sabía que estas
pinturas se verían desde el suelo, a mucha distancia. Cuanto más fuertes fueran estos tonos, más contraste
harían y mejor se podrían apreciar. Lo tenía todo calculado.
CRISIS o cuatrerismo, 70 vicuñas muertas y cuereadas en la Puna Jujeña.
El peor día de Sixto Llampa: Solitario guardaparque de una enorme reserva
en la Puna jujeña, encontró 70 vicuñas despellejadas por la caza furtiva y
lamentó con el alma no haber podido evitarlo.
**Esperemos que
la presente nota de la publicación de Bichos de Campo sobre la Reserva de las Vicuñas cuente sobre la ampliación de
personal para la conservación de este sitio tan especial. También, sobre la
inversión en equipamiento, (promesa que nunca llego) que dignifique aún más el
trabajo cotidiano de los guardaparques, aunque, si se habla de dignidad, a
Sixto Llampa, le sobra.
Promedia
el mes de mayo y en la Puna de Jujuy se siente el viento helado. Los amarillos
van apropiándose del paisaje, como la tristeza e impotencia hace lo propio en
el alma de Sixto Llampa Urbano, único guardaparque de la Reserva Provincial
Alto Andina de la Chinchilla. Es que este hombre, se encontró con la desoladora
imagen de 70 vicuñas muertas mediante armas de fuego, muchas desolladas. Es,
sin duda, un hecho impactante para su vida. Debería haber sido, simplemente,
una habitual ronda de control por ese tan inhóspito como bello territorio
argentino.
La reserva de la Chinchilla se extiende por 368 mil hectáreas,
ocupando partes de los departamentos de Rinconada y Susques, en plena Puna
jujeña. En su interior se encuentra la laguna de Vilama, que en el año 2000 fue
declarada internacionalmente como Sitio Ramsar por su valor ecosistémico. La
reserva fue creada oficialmente en 1992, mediante el Decreto Provincial 2213,
con el objeto de garantizar la conservación y recuperación de la chinchilla de
cola corta (Chinchilla brevicaudata), pero también
para la protección de las vicuñas y las aves que habitan o transitan por el
altiplano. Es, por lejos, la reserva más amplia de la provincia e,
increíblemente, está a cargo de un solo hombre.
“La
caza furtiva viene siendo uno de los problemas de siempre. En el mes de marzo,
abril, ya las temperaturas son muy frías en esta zona. Esta es una reserva muy
amplia y yo soy el único personal del Ministerio de Ambiente, en esta reserva”,
dice casi excusándose.
“Mal que bien la policía de la provincia nos está acompañando, ya
son tres años que se realiza un operativo de control y vigilancia, pero en este
último año llegó un poco tarde. Yo estaba recorriendo en otros lugares y me
descuidé un poco de esa zona limítrofe y bueno… pasó lo que pasó, es un hecho
muy lamentable”, comienza su relato Sixto.
Llampa pertenece a la comunidad de Lagunillas del Farallón,
ubicada a más de 4100 metros sobre el nivel del mar. “Soy del último pueblito
de la provincia de Jujuy, cerca de la triple frontera entre Bolivia, Chile y
Argentina”, se presenta. “Hace 10 años que estoy trabajando en esta Reserva y,
la verdad, es un orgullo estar en este sector, cuidar de los hermosos paisajes
que tenemos y que están a 4500 metros de altura. Mi función es guardaparque, soy
el único en esta zona, y mis recorridos son habituales, siempre los vengo
haciendo por una zona muy amplia, preocupado por la caza furtiva. A veces ni
paro a comer para poder recorrer más kilómetros”.
Sixto
Llampa sabe que se necesita y es un poco más de personal y de recursos.
“Entiendo que la provincia debería aportar un poco más de guardaparques y
equipamiento para esta zona, y más en estos tiempos donde el clima es bastante
frío, se pone entre los 20 grados bajo cero y de noche llega a los 25 grados
bajo cero”.
“Son días muy fríos y ventosos, se complica mucho hacer los
recorridos lo más largos o completos posibles. Me preocupa que soy el único y
no te da mucha fuerza de hacer este trabajo así, porque uno no puede dialogar
con nadie y, si fuéramos dos o tres personales, sería genial, para poder
intercambiar ideas, intentando poder frenar esta caza furtiva que sucede año
tras año”.
Acompañando a Llampa se encuentra
Orlando Vilca, presidente de la Comunidad Aborigen de Lagunillas del Farallón.
Este dirigente comunitario destaca la importancia para la biodiversidad que
tiene esta región, ampliando que “justamente estamos en una zona donde hay tres
reservas que pertenecen a los tres países limítrofes: la Reserva Altoandina de
las Chinchillas, de nuestro lado, la Reserva Eduardo Avaroa, del lado boliviano
y la Reserva de los Flamencos, del lado chileno, y se sobrepone con el Sitio
Ramsar, la reserva de los humedales”.
miércoles, 27 de mayo de 2026
SEPAMOS MAS del genial y romántico compositor “Pyotr Ilyich Tchaikovsky”; El Lago de los Cisnes, El Cascanueces, Romeo y Julieta y casi 190 temas más.
Resumen bibliográfico ya que su vida es novelesca: Pyotr Ilyich Tchaikovsky (pronunciado “PYO-tur ily-ICH
chy-KOF-skee”) fue un compositor ruso cuyo extraordinario talento dejó una
huella imborrable en el mundo de la música clásica.
Desde la belleza de El lago de los
cisnes hasta las encantadoras melodías de El cascanueces, su música fluyó entre
las tradiciones folclóricas de su país y del mundo, creando un sonido único e
imperecedero.
El genio de Chaikovski no solo transformó el panorama de la
música rusa, sino que también resonó en todo el mundo, consolidando su lugar
como uno de los compositores más queridos e influyentes de la historia.
En esta guía, exploraremos la vida de
Piotr Ilich Chaikovski, incluyendo sus orígenes, los altibajos de su carrera y
los increíbles logros que definen su legado.
Nacido el 7 de mayo de 1840 en la pequeña ciudad
de Votkinsk, Rusia, Piotr Ilich Chaikovski creció en una familia de clase media
donde su madre, una pianista talentosa, le inculcó la pasión por las artes.
Desde muy joven, Chaikovski mostró un claro interés por la música, y con tan
solo cinco años ya tocaba el piano con una destreza impresionante.
Chaikovski no tardó en forjarse una reputación
como compositor. Su carrera comenzó modestamente, con composiciones tempranas
como su primera sinfonía (Sinfonía n.º 1 en sol menor) y su primera
ópera, La Voyevoda, que demostraron su potencial. Sin
embargo, no fue hasta la década de 1870 cuando Chaikovski comenzó a obtener un
reconocimiento generalizado.
Combinando la precisión de la música clásica
occidental con las melodías folclóricas de su Rusia natal, Chaikovski fue un
maestro en la creación de obras profundamente personales y de resonancia
universal. Fuertemente influenciado por el Romanticismo, llevó el énfasis de
este movimiento en la emoción y la individualidad a nuevas cotas. Ya sea a
través de grandiosos movimientos orquestales o delicados solos de piano, la
música de Chaikovski está impregnada de emoción.
Las obras más famosas de Chaikovski
- Obertura de Romeo y
Julieta (1869)
- Concierto para
piano n.º 1 (1875)
- El lago de los
cisnes (1877)
- Concierto para
violín (1878)
- Sinfonía n.º 4
(1878)
- Obertura 1812
(1880)
- Sinfonía n.º 5
(1888)
- La Bella Durmiente
(1889)
- El Cascanueces
(1892)
- Sinfonía
n.° 6 – Patética (1893)
Las óperas
más famosas de Chaikovski
- El Voyevoda (1868)
- El Oprichnik (1872)
- Vakula el Herrero (1874)
- Eugenio Oneguin (1878)
- La doncella de Orleans (1879)
- Mazepa (1883)
- Cherevichki (1885)
- La Hechicera (1887)
- La reina de picas (1890)
- Iolanta (1891)
















