El Magazin de Merlo
SOCIEDAD Y CULTURA - BUENOS AIRES - ARGENTINA *Editor responsable: Miguel Angel Figueiras Gimenez.
SOCIEDAD Y CULTURA
lunes, 27 de abril de 2026
SEPAMOS MÁS de FEDERICO GARCÍA LORCA, el artista multifacético cruelmente asesinado durante la guerra civil española.
** Fue doctor en
Letras, abogado, músico, pintor y dramaturgo. Su triste final confirma que,
lamentablemente, en las guerras, la crueldad es casi un deber.
Toda guerra es matanza. Y es suicidio, porque un
campo de batalla siempre es un cementerio, aunque muchos permanezcan vivos. Y
una guerra civil, es decir entre hermanos, ya no tiene explicación
lógica.
Y esa guerra es la que permitió que el 19 de agosto
de 1936 se fusilara a un gran poeta, que además era doctor en Letras,
abogado, músico, pintor y dramaturgo: Federico García Lorca.
Los orígenes de Federico García Lorca
Había nacido en Granada, España, y su destino
trágico hizo que fuese fusilado en su tierra, en un lugar muy próximo a su
aldea natal. Cuando visitó la Argentina, Buenos Aires lo recibió cálidamente.
Tenía 35 años cuando vino a dirigir una de sus obras de teatro más
famosas: “Bodas de Sangre”, con la actriz Lola Membrives.
Era
alto, de abundante cabello oscuro y finas facciones. Su madre, pianista de
mérito, le inculcó las primeras nociones de piano. El niño Federico progresó
rápidamente. Incluso, llegó a dar conciertos.
En uno de ellos, lo oyó un músico ya famoso, 20 años mayor que
él: Manuel de Falla. Se acercó al
niño y comenzó a respaldarlo artísticamente. Pero García Lorca se alejó pronto
de la música. Porque dentro de sí estaba el futuro autor
teatral, el de “Yerma”, de “La Casa de Bernarda Alba”, de “Bodas de
Sangre”.
En uno de ellos, lo oyó un músico ya famoso, 20 años mayor
que él: Manuel de Falla. Se acercó al niño y comenzó a respaldarlo
artísticamente. Pero García Lorca se alejó pronto de la música. Porque dentro
de sí estaba el futuro autor teatral, el de “Yerma”, de “La Casa de Bernarda Alba”, de
“Bodas de Sangre”.
Federico García Lorca y la guerra civil
Transcurría 1936. Se estaba desarrollando esa
tragedia que fue la Guerra Civil Española. Con Manuel de Falla, estaban en
Granada. Habían escrito juntos piezas teatrales para niños. Y comenzó el drama
personal de García Lorca. Él, que no actuaba en política, fue acusado
de subversivo. Es que un microbio puede empujar una calumnia. Y un
gigante no puede detenerla. Lo detuvieron.
De Falla, estaba en ese momento en Cádiz, otra
ciudad de Andalucía, como Granada, pero distante muchos kilómetros. Por eso, el
compositor demoró una semana en enterarse de la detención de su amigo García
Lorca.
Como De Falla tenía muchas vinculaciones y un alto
prestigio, le consiguieron una audiencia con el gobernador de Andalucía, a las
24 horas. de haberla solicitado. El mandatario lo recibió y de inmediato dio la
orden de indultar a García Lorca, atendiendo a las justas y
creíbles razones de De Falla.
En
presencia del músico, el gobernador telefoneó a la cárcel. Y llegó la respuesta
desde el otro lado de la línea. En presencia del músico, el gobernador
telefoneó a la cárcel. Y llegó la respuesta desde el otro lado de la línea.
- Sr. Gobernador, García Lorca ha sido fusilado hace una hora.
- ¿Quién dio esa
orden?, bramó el gobernador.
Nadie le respondió. Pero ¿acaso importaba ya la respuesta?.
Manuel De Falla comenzó a llorar
como un niño. Y el músico autor de “El Amor Brujo” de la Danza ritual del
Fuego, tomó una decisión. Decidió en ese momento irse
de España.
Y se
radicó como es sabido en Alta Gracia en
nuestra provincia de Córdoba, aquí en la Argentina, donde fallecería diez
años después a fines de 1946.
Podríamos decir para finalizar como de todos los grandes que
agregaron luz a la luz, que Federico García Lorca no ha muerto. Que espiritualmente vaga todavía por los húmedos
senderos de su Granada natal y está –porque compuso también canciones-
en el sonido de las mágicas guitarras andaluzas.
DESDE el VATICANO: Estados Unidos volverá a recurrir al fusilamiento mientras León XIV llama a abolir la pena de muerte.
¿ES SOLO PARA AGILIZAR? Entre las nuevas medidas del
Departamento de Justicia de EE.UU., que se adoptarán, aprueban “incluir métodos
como el “pelotón de fusilamiento”, para “agilizar” los procesos administrativos
y acelerar las ejecuciones por parte del gobierno federal.
La administración Trump ha
anunciado que volverá a aplicar ejecuciones federales por pelotón de
fusilamiento en Estados Unidos, una medida que, según afirma, “fortalecerá” la
pena de muerte a nivel nacional, mientras que el Papa León XIV, al mismo
tiempo, está expresando su apoyo a quienes buscan abolir la pena capital en
Estados Unidos y en todo el mundo.
El Departamento de Justicia de Estados Unidos informó el
24 de abril que está buscando nuevamente “solicitar, obtener y ejecutar
sentencias capitales legales”, reanudando así el proceso federal de pena de
muerte, que había quedado suspendido indefinidamente bajo la administración
Biden.
El
anuncio del gobierno se produjo prácticamente al mismo tiempo, el 24 de abril,
en que el Papa León XIV se dirigía, mediante un
mensaje en video, a una reunión de activistas en la Universidad
DePaul que celebraban el 15º aniversario de la abolición de la pena de muerte
en Illinois.
El Papa señaló en su mensaje que la Iglesia Católica enseña que
“la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la
dignidad de la persona”.
Entre las medidas que, según
el Departamento de Justicia, se adoptarán, se incluye “ampliar el protocolo
para incluir métodos adicionales de ejecución, como el pelotón de
fusilamiento”, así como “agilizar” los procesos administrativos para acelerar
las ejecuciones por parte del gobierno federal.
El gobierno también indicó que buscará reanudar las ejecuciones
mediante inyección letal con pentobarbital, un barbitúrico que, según
defensores de los derechos de los presos, puede causar dolor y sufrimiento
extremos cuando se utiliza en ejecuciones.
En un informe adjunto publicado
el 24 de abril, el Departamento de Justicia calificó al pentobarbital como “el
patrón oro de los fármacos para inyección letal”. Describió el medicamento como
“más humano” que otros métodos de ejecución y señaló que ha sido utilizado en
procedimientos de suicidio asistido en Estados Unidos para personas que padecen
enfermedades terminales.
domingo, 26 de abril de 2026
OÍRLA es VIBRAR, estilo y recepción de Carmina Burana, la obra coral más popular del siglo XX.
**Básicamente Carmina Burana (1936) es una cantata
escénica compuesta por el alemán Carl
Orff, famosa por su fuerza dramática y el icónico coro "O
Fortuna". Basada en poemas medievales de monjes rebeldes del siglo
XIII encontrados en Baviera (Códex Buranus), la obra celebra el hedonismo, el
amor y los placeres de la vida, estrenándose en Fráncfort en 1937.
Con más de sesenta registros
discográficos comerciales, una abundante presencia en bandas sonoras de
películas y anuncios de televisión, y cientos de representaciones en todo el
mundo cada año, Carmina Burana se ha
convertido en la obra sinfónico-coral más
popular del siglo XX. Comúnmente despreciada por un influyente
sector de la crítica, los ataques vertidos contra ella y su autor al término de
la Segunda Guerra
Mundial son en sí mismos un revelador testimonio de los dogmas del discurso vanguardista de
la posguerra.
En esta entrada exploraremos las
coordenadas estilísticas e ideológicas de esta obra, prestando atención a su
génesis, su lenguaje armónico y su recepción.
Para entender
la naturaleza musical de los Carmina
Burana –canciones [de la abadía] de Bura–, debe tenerse en
cuenta que Carl Orff es
recordado hoy en día no solo por esta obra, sino también como artífice y
desarrollador del Orff-Schulwerk, un ambicioso
método de enseñanza diseñado específicamente para niños en edad escolar.
Cofundador –junto a la bailarina Dorothee Günther– de la Escuela Günther de Múnich en 1924, un
centro dedicado a la gimnasia, la música y la danza, su nombre quedó asociado
inicialmente a su revolucionario método de enseñanza musical, basado en la combinación de movimiento, lenguaje y
música.
Interesado igualmente en la
composición, Orff participó activamente en los festivales
anuales de música contemporánea celebrados en esta ciudad
entre 1929 y 1931 bajo la dirección de Hermann Scherchen, donde pudo escuchar el Lehrstück de Paul Hindemith
(con libreto de Bertolt Brecht), La historia del soldado y Oedipus Rex de Stravinski, y El vuelo de Lindberg de
Kurt Weill y Brecht, y donde participó en los ensayos de la ópera escolar Der Jasager –traducible
por «El que dice sí»–, también de Weill y Brecht. La naturaleza pedagógica de
este proyecto –que el ministerio de educación prusiano quiso promocionar en
todas las escuelas alemanas– concurrió con los de Orff, imbuido de los ideales utilitarios y
democratizadores que animaron a una buena parte de la vanguardia alemana de la República de Weimar (Kim H. Kowalke,
«Burying the Past: Carl Orff and His Brecht Connection», The Musical Quarterly, 2000).
La victoria de Adolf Hitler en la elecciones alemanas de 1933 supuso un profundo revés a este ecosistema cultural,
abocando al exilio inmediato a algunos de sus protagonistas –Scherchen, Weill y Brecht–, mientras otros –como
Hindemith, que lo hizo finalmente en 1938– intentaron adaptarse a la nueva
situación. Este tipo de escisiones se reprodujeron en el seno mismo de la
Escuela Günther, pues mientras Orff fue denunciado en 1933 desde la revista
oficial de la Liga Militante para la Cultura Alemana
–de ideología nazi– por su «falta de respeto
hacia los maestros antiguos» y por su uso
«modernista» de los instrumentos de percusión, Dorothee Günther –su socia y miembro de esta liga– se
afiliaba al partido nazi. Orff, escasamente conocido aún como compositor y ocultador de la condición de judío de su abuelo paterno –lo cual le habría convertido en un «mestizo de 2º
grado», de acuerdo con los criterios de «pureza racial» promulgados por las Leyes de Núremberg de 1935–,
No militó en el partido ni declaró jamás
afinidad por sus principios ideológicos, lo cual no le impidió buscar acomodo
en la nueva escena musical alemana, venciendo los prejuicios expresados contra
su música desde diversas instancias culturales nazis y alcanzando eventualmente
el reconocimiento artístico a una edad relativamente tardía –a los 42 años–
gracias al éxito de sus Carmina Burana (Kowalke, 2000).














