La tritricomonosis bovina es una enfermedad infecciosa descubierta hace un siglo que continúa generando severos perjuicios económicos en el
sector ganadero debido a las altas tasas de pérdidas reproductivas que provoca en las
vacas. Desde la década de 1980, ante la falta de tratamientos
efectivos por la aparición de resistencias, la única herramienta disponible para los productores venía
siendo el control sanitario riguroso: diagnosticar y separar a los animales
positivos.
Sin embargo, un reciente
descubrimiento científico liderado por investigadores del CONICET en el
Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECH, CONICET-UNSAM) promete
cambiar las reglas del juego. El equipo logró descifrar en detalle la
biología de Tritrichomonas foetus, el parásito responsable de la afección, revelando
sus mecanismos de resistencia y replicación en un artículo de alto
impacto publicado en la prestigiosa revista Nature
Communications.
El "escudo"
del parásito ante las adversidades:
"En este trabajo hemos demostrado por primera vez
que T. foetus es capaz de formar quistes o formas de resistencia cuando
es sometido a diferentes tipos de estrés, como la falta de nutrientes
o variaciones del pH, o a la droga metronidazol, que se usó históricamente para
los tratamientos", explica Verónica Cóceres, investigadora del
CONICET en el INTECH y responsable del estudio.
A
través de ensayos in vitro, el grupo científico expuso al microorganismo a
estas situaciones límite y describió detalladamente la estructura de sus
paredes quísticas. De esta manera, lograron responder científicamente el porqué de su
resistencia a las terapias antiparasitarias del pasado, aportando datos cruciales para evaluar su persistencia ambiental y cómo afecta la epidemiología de la
infección en los campos.
Efecto
multiplicador: una pausa que engaña al sistema
Otro dato revelador de la investigación tiene que ver con su
particular forma de replicación. Los científicos observaron que estos
quistes funcionan como un "estado de pausa" o latencia,
donde el parásito espera pacientemente a que mejoren las condiciones
ambientales. Lo sorprendente es que el parásito no se queda dormido: aprovecha
ese encierro para duplicar su material genético de manera masiva.
Para
que este conocimiento no quede atrapado en los laboratorios, el equipo del
INTECH ya se encuentra ejecutando ensayos a campo. "Nosotros proponemos un vínculo de ida y vuelta entre el sector
productivo y el científico para aportar soluciones conjuntas a
este problema, y estamos trabajando activamente con productores de Chascomús
para evaluar in situ el comportamiento de T. foetus en las condiciones reales
del ambiente", concluye la investigadora.


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