SOCIEDAD Y CULTURA

Revista El Magazín de Merlo, Buenos Aires, Argentina.



domingo, 13 de noviembre de 2022

NUESTROS HÉROES: : Luis Agote, el médico argentino que salvó millones de vidas y donó su hallazgo a la humanidad.

 

NUESTROS HÉROES: Encontró un método para conservar la sangre y evitar la coagulación. Su trabajo dio la vuelta al mundo, posibilitó hacer transfusiones sin la necesidad de que sean directamente de dador a paciente y salvó vidas durante la Primera Guerra Mundial. Su descubrimiento fue clave, a tal punto que se negó a patentarlo y lo cedió en beneficio del mundo. Un día como hoy hace 68 años la noticia de su muerte no tuvo la trascendencia que se merecía.



Los Agote eran una familia numerosa y de buen pasar económico. Su padre, el catamarqueño Pedro Francisco, había sido diputado nacional y ministro de Hacienda, y su madre, Quiteria García Sedano era una chilena que dedicó su vida a criar a ocho hijos.

Luis Agote había nacido el 22 de septiembre de 1868 en la ciudad de Buenos Aires, hizo la escuela primaria en un colegio inglés y la secundaria en lo que hoy es el Colegio Nacional de Buenos Aires. Luego se graduó de médico en la Universidad de Buenos Aires en 1893 con la tesis “Las hepatitis supuradas”.



Al año siguiente fue nombrado Secretario del Departamento Nacional de Higiene y luego director del Lazareto que funcionaba, desde la época de la epidemia de fiebre amarilla, en la isla Martín García. Llegó a ser jefe de sala en el Hospital Rawson y desde 1915 hasta 1929 se desempeñó como profesor titular de Clínica Médica.

En 1895 se casó con María Robertson Lavalle, la hija de un expedicionario al Desierto. Tuvieron cinco hijos.



En 1911 fundó el Instituto Modelo de Clínica en el Hospital Rawson, que se convirtió en un centro de investigació y estudio. El grave problema sobre cómo recuperar la sangre que perdían los pacientes desvelaba a los investigadores al mismo nivel que lo hacía el combate de las infecciones, que cobraban miles de vidas.





En esos tiempos las transfusiones se realizaban directamente de dador a paciente porque no existía un método que pudiese conservar la sangre. Fue su preocupación desde que comenzó a estudiar cómo parar las hemorragias en pacientes hemofílicos. Aseguran que Agote estaba íntimamente comprometido en la búsqueda de una solución a la cuestión de la sangre porque en su familia había un integrante que sufría de hemofilia.

Primero experimentó junto a su colaborador, el laboratorista Lucio Imaz Apphatie en el diseño de recipientes especiales. Sometieron a la sangre a distintas temperaturas pero el líquido, ante la sola exposición del aire, se coagulaba. Hasta que Agote probó con agregarle citrato de sodio, que es una sal derivada del ácido cítrico presente, por ejemplo, en el limón.




Guardó la mezcla y pasadas dos semanas comprobó que la sangre no se había coagulado. Y en el mismo sentido, vio que el citrato de sodio era perfectamente eliminado por el organismo. Comenzaron experimentando transfusiones con perros entre razas diferentes y no observaron rechazos.

Era el momento de hacer una transfusión entre humanos.

La primera prueba la hicieron el 9 de noviembre de 1914 con el portero del Instituto Modelo de Clínica Médica, que funcionaba en el Hospital Rawson, Ramón Mosquera, quien fue el donante, internado en la cama 14. El doctor Ernesto Merlo supervisó la técnica que fue exitosa.

El 15 de noviembre de 1914 se realizó una demostración a las autoridades. Enrique Palacios, Intendente Municipal; Epifanio Uballes, rector de la UBA; Luis Güemes, decano de la Facultad de Medicina y Baldomero Sommer, Director General de Asistencia Pública fueron los testigos de la transfusión.

La paciente era una pálida parturienta que “esperaba con gran temor, lo que ella supusiera cruenta operación”, según la crónica de la época, que recibió 300 cm3 de sangre que le habían extraído de su brazo derecho al carpintero del Instituto, señor Machia. La sangre donada estaba en un recipiente –posteriormente bautizado como “Aparato modelo Profesor Agote”, inventado por el médico- donde se mezcló con el citrato de sodio al 25% y luego se la inyectaría a la mujer. A los tres días, la paciente recibió el alta.

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