SOCIEDAD Y CULTURA - BUENOS AIRES - ARGENTINA *Editor responsable: Miguel Angel Figueiras Gimenez.
SOCIEDAD Y CULTURA
jueves, 20 de abril de 2023
EL DATO POSITIVO: HONGOS COMEDORES de plástico para luchar contra el problema de la contaminación por polipropileno.
Investigadores de la Universidad de Sydney han desarrollado una
nueva forma de descomponer este tipo de plástico recurriendo a la ayuda de un
par de hongos comunes.
La mayoría de los plásticos no son fácilmente degradables y
tardan décadas en biodegradarse, lo que contamina los ecosistemas terrestres y
marinos. Uno de esos plásticos, el polipropileno, se utiliza en todo tipo de
productos, desde envases de plástico hasta muebles y juguetes. Pero en términos
de residuos plásticos, el polipropileno está sobrerrepresentado.
Debido principalmente a su corta vida
útil como envase y al hecho de que se contamina con otros plásticos, el
polipropileno recogido en la acera tiende a no separarse cuando llega a las
instalaciones de reciclaje, por lo que acaba en el vertedero.
Pero la ayuda puede estar al alcance de
la mano, gracias a una nueva técnica de reciclaje desarrollada por
investigadores de la Universidad de Sídney con la ayuda de unos sencillos
hongos.
La contaminación por plásticos es, con
diferencia, uno de los mayores problemas de residuos de nuestro tiempo. La
inmensa mayoría no se recicla adecuadamente, lo que significa que a menudo
acaba en nuestros océanos, ríos y vertederos. Se calcula que 120 millones de
toneladas se han acumulado en los ríos del mundo y 33 millones de toneladas se
encuentran ahora en los océanos del mundo, con fuentes que estiman que esto
pronto superará al total de peces.
Amira
Farzana Samat, autora principal del estudio.
Los investigadores recurrieron a dos hongos comunes en el suelo
y las plantas, Aspergillus terreus y Engyodontium
album. Los
hongos son increíblemente versátiles y se sabe que son capaces de descomponer
prácticamente todos los sustratos. Este superpoder se debe a su producción de
potentes enzimas, que son excretadas y utilizadas para descomponer los
sustratos en moléculas más simples que las células fúngicas pueden absorber.
Dee
Carter, coautora del estudio.
El polipropileno se pretrató con luz
ultravioleta, calor o el reactivo de Fenton, una solución ácida de peróxido de
hidrógeno y hierro ferroso que suele utilizarse para oxidar contaminantes.
A continuación, se aplicaron los hongos
al polipropileno tratado en una placa de Petri y se analizó el grado de
deterioro mediante microscopía. Los investigadores descubrieron que los
hongos eran capaces de descomponer el polipropileno más eficazmente cuando se
trataba previamente con luz ultravioleta o calor. Los hongos descomponían
el polipropileno con relativa rapidez, reduciéndolo un 21% en 30 días y entre
un 25% y un 27% en 90 días.
Tenemos que apoyar el desarrollo de
tecnologías de reciclaje disruptivas que mejoren la circularidad de los
plásticos, especialmente aquellas tecnologías impulsadas por procesos
biológicos como en nuestro estudio. Es importante señalar que en nuestro
estudio aún no se ha llevado a cabo ninguna optimización de las condiciones
experimentales, por lo que hay mucho margen para reducir aún más este tiempo de
degradación.
Ali
Abbas, autor correspondiente del estudio.
En futuras investigaciones se
determinarán los procesos bioquímicos subyacentes a esta degradación impulsada
por hongos pero, por ahora, los investigadores planean mejorar la eficacia de
su método de degradación antes de buscar inversores con vistas a su
comercialización.
MAQUINA de ESCRIBIR, un INVENTO que cambio al mundo, ¿QUIEN la CREO?
La máquina de escribir es un invento del siglo XIX que revolucionó el mundo empresarial, y ya cuenta con 155 años de historia. Su creador, Christopher Latham Sholes, fue un aprendiz de impresor que, al trasladarse a Wisconsin, se convirtió en editor del Wisconsin Enquirer. Dirigió otros diarios antes de dedicarse a la política, campo en el que llegó a ser miembro del Congreso de su estado.
Era un hombre de
gran ingenio. Entre otras cosas, ideó una máquina de contar billetes. El
desarrollo de este aparato daría como resultado la máquina de escribir, que
llevó a la práctica con la ayuda del impresor Samuel W. Soule, el mecánico
aficionado Carlos S. Glidden y la aportación económica de James Densmore. Sholes
patentó su creación en 1868. Cinco años después, vendió la
patente por 12.000 dólares a la empresa armamentística Remington,
que intentaba diversificar sus líneas de negocio.
Anteriormente
ya hubo intentos de construir una máquina que hiciera más fácil la escritura.
El modelo más célebre es, seguramente, el del británico Henry Mill, que en 1714
creó una con la que llegó a escribir un tratado, aunque algunos libros dan
escaso mérito a este volumen y citan como texto mecanografiado más antiguo uno
realizado en 1808 por la condesa italiana Carolina Fantoni en un artefacto
creado por su amigo Pelligrino Turri.
El primer modelo del
que se pudieron hacer copias fue el que desarrolló Sholes. Se aprovechó de la
cinta entintada que ideó un escocés unos años antes, y su
gran aportación fue el mecanismo que traslada el golpe al tipo que
se ha de imprimir.
Fabricó
25.000 unidades de este primer modelo, pero apenas vendió 1.200. No había
suficiente demanda, y la máquina era poco manejable y muy
cara: costaba 125 dólares. Para popularizarla, la casa
Remington organizaría, en 1888, concursos de velocidad mecanográfica, lo que
llevó a los medios de comunicación a interesarse en las pruebas, con lo que la
compañía ganó una publicidad efectiva y gratuita. En 1900 ya había más de
100.000 máquinas de escribir en uso.
Evolución:
Una serie de
aportaciones técnicas allanaron el camino del invento. En 1890, un
norteamericano consiguió un modelo que permitía por primera vez que el
mecanógrafo viera lo que estaba escribiendo en el papel. Uno de
los usuarios pioneros de este dispositivo fue Mark Twain. El autor de Las
aventuras de Tom Sawyer fue uno de los primeros autores en enviar a su editor
un texto escrito a máquina.
La introducción de
la máquina eléctrica también supuso un importante paso hacia delante. La más
antigua que se conoce es de 1873, un invento muy aparatoso de Thomas
Alva Edison que no llegó a comercializarse. Los
posteriores modelos fueron muy utilizados por los teleimpresores de las
agencias de prensa a finales del siglo pasado. En 1961, IBM logró una pequeña
revolución al sustituir las varillas con los tipos por una esfera giratoria,
con los caracteres incorporados, que se desplazaba sobre la superficie del
papel. Tres años más tarde, la misma compañía creó una máquina con memoria, que
permitía corregir errores y hacer copias.
Y
así como el vídeo (dicen) mató a la estrella de la radio, el ordenador haría
eventualmente lo mismo con la máquina de escribir. En 1959 esto todavía no se
veía venir. Un importante jurado escogió ese año la máquina de escribir Lettera
22, de la marca italiana Olivetti, como el "mejor producto de diseño de
los últimos 100 años".
Fuente: Historia y Vida.
miércoles, 19 de abril de 2023
EL DATO para EL CAMPO: Cámaras que no necesitan Internet ni electricidad.
La firma Cámaras WiFi presentó en Expoagro
un sistema de monitoreo que, gracias a sus paneles solares, permite controlar
las tareas agropecuarias desde un celular o computadora las 24 horas. Tiene su
propio sistema de conexión autónomo incorporado.
En Expoagro, las soluciones para el monitoreo del
campo también
estuvieron a la orden del día. Es el caso de Cámaras WiFi, una empresa que
propone un sistema de cámaras que el usuario puede mirar desde su celular.
Además de sus prestaciones tecnológicas,
se trata de una herramienta que acerca tranquilidad a los productores, frente a
los hechos de inseguridad
rural que con
frecuencia se han venido registrando en los establecimientos agropecuarios.
La novedad, según
explicaron desde la firma, es que para llevar a cabo este
monitoreo no se requiere contar con red eléctrica y servicio de Internet, y utiliza el sistema HikVision.
“Se trata de un sistema
integrado y 100% autónomo, muy útil para el sector agropecuario”, explicó Facundo Rocha, gerente Comercial de Cámaras WiFi. El directivo explicó que “está pensado para
que cualquier persona lo pueda instalar en su campo sin necesidad de recurrir
al personal técnico”.
Rocha explicó que
el sistema no necesita internet, señal de celular y energía eléctrica para su funcionamiento, gracias a sus
paneles solares. De este modo, se puede controlar la cosecha, el ganado, el
personal y los accesos, entre otros usos, todo desde un celular o computadora
las 24 horas del día. “Es la solución
más completa en materia de conectividad, productividad y seguridad para el
campo argentino”, remarcó. Y agregó: “Es un equipo que no da problemas, tiene
diez años de garantía y cuenta con baterías de litio que aseguran siete días de
funcionamiento ininterrumpido”.
La empresa cuenta con un equipo de
técnicos que se desplazan por todo el país, para solucionar cualquier
inconveniente que pueda surgir en el uso de esta tecnología.


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