¿PORQUE es BUENO CONSUMIR CAMPIGNON? Consumir hongos champignon es excelente porque son
un alimento bajo en calorías pero nutricionalmente muy denso.
Aportan vitaminas del grupo B y D, y minerales esenciales como potasio y
selenio. Además, contienen un potente antioxidante llamado ergotioneína que
previene el daño celular y fortalece el sistema inmunológico.
A través de
controles de microclima y un manejo especializado, la empresa Hongos del Pilar
rompe los moldes tradicionales. Cosecha manual, eficiencia y una proyección de
3 millones de kilos para 2030.
En la producción argentina,
los ritmos suelen estar marcados por el almanaque: cuando se cosecha trigo se
espera el verano, y cuando se recolecta uva, se aguarda el otoño.
Sin embargo, en la localidad
bonaerense de Pilar rige otra lógica. Allí, cuando se cosecha champignon, solo se espera al día
siguiente; la producción de hongos funciona de manera continua y sin descanso
los 365 días del año.
Así es el caso en Hongos del Pilar,
empresa donde señalan que el secreto de este flujo constante radica en
una sincronización perfecta. Mientras algunas cámaras de la planta se
encuentran en plena cosecha, otras atraviesan la etapa de incubación y un
tercer grupo se prepara para recibir un nuevo ciclo. El resultado es un esquema
que vuelca al mercado más de 38.000 kilos semanales.
Con este modelo que
combina tecnología de punta, planificación y un meticuloso trabajo manual, la firma
supera actualmente los 2 millones de kilos anuales, logrando abastecer entre el
45% y el 50% del mercado nacional de champignones y portobellos.
El salto tecnológico:
producir cuatro veces más en el mismo espacio
La evolución del sector muestra un salto de eficiencia notable.
Cuando la actividad dio sus primeros pasos en los años 80, el
rendimiento esperado rondaba apenas los 7 kilos por metro cuadrado. Hoy, esa
cifra trepó a rangos de entre 25 y 30 kilos. Esta capacidad de
cuadruplicar la producción en el mismo espacio físico fue posible gracias a
la adopción de sistemas de estanterías y controles automatizados de
temperatura, humedad y ventilación, capaces de recrear con precisión el
microclima que cada especie exige.
Según explican desde la firma, el proceso arranca con la
elaboración del sustrato mediante el compostaje de material orgánico. Tras ser
pasteurizado, se inocula el hongo y se traslada a las cámaras de cultivo. El
eslabón final vuelve a ser artesanal: la cosecha se realiza de forma
estrictamente manual, recolectando uno por uno los ejemplares que alcanzan su
tamaño óptimo.
El crecimiento de la
productividad no ocurrió de manera espontánea. Detrás de esa evolución hubo un
proceso sostenido de inversión y modernización tecnológica. Desde 2019,
la planta lleva invertidos más de USD 7 millones en tecnificación y expansión
con el objetivo de pasar de los 2 millones de kilos anuales actuales a 3
millones para 2030.
En un contexto donde la oferta de alimentos suele estar atada a
los vaivenes del clima y las estaciones, el cultivo industrial de hongos
demuestra que, con conocimiento, tecnología y manejo especializado, es
posible producir todo el año con altos niveles de eficiencia.




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