NACIMIENTO, VIDA, MUERTE
Y ETERNIDAD del AMOR.
Todo comienza al mirarse
un hombre y una mujer,
la seducción entra en juego
y apasionados llegan a enloquecer.
Las caricias dicen ¡presente!
se desata la tormenta sexual,
y el amor los convierte en pareja
para vivir una aventura sin par.
Cuando la tempestad atenúa
serenando la carne y la pasión,
se afianza la pareja
si no fue simple y vulgar atracción.
Este fue el cuento corto
que mil veces fue contado,
mas la ciencia en el nuevo milenio
mucho del amor ha investigado.
A minutos de conocernos
y saber que hay atracción,
comienzan los movimientos rituales
para revelar nuestra intención.
Mostramos lo que tenemos
haciendo lo del pavo real,
nos provocamos sin tener conciencia
mujeres y hombre por igual.
Una pregunta sin resolver es,
¿qué es el amor y porque nace?
hasta ahora fue culpa de Cupido
el flecha a quien
le place.
El sin hacer distinción
dicta las leyes del amor,
sin tener en cuenta raza o color
pobretón o ricachón,
la atracción que cautiva los humanos,
-del reino animal somos únicos-
que cuando queremos enamorar
reímos, lloramos, cantamos y bailamos.
En este punto inicial
afloran los instintos primarios,
junto a la condición cultural
el galanteo humano sigue siendo único
como cuando había dinosaurios.
El hecho de vernos por primera vez
y mostrarnos únicos y seductores,
la ciencia lo llama –flirteo-
comprobándose que casi todos
hacemos lo mismo…,
como si fuera un programa de vídeo.
Y superado ya el abismo de conocernos
nuestras hormonas enloquecen,
entramos en una especie de trance y delirio
haciendo todo lo que nos apetece.
Siendo la aventura amorosa
el clímax de la vida humana,
solo el instinto primitivo domina
y ambos quieren llegar a la cama.
También hay un ritual
de intimidades crecientes,
tan complejas y tan simples
que lo controla a voluntad
nuestro más profundo inconsciente.
Comienzan suaves roces de manos
en los brazos y los hombros,
casi poseídos se toman de las cinturas
y los labios se provocan sin reparo.
Las bocas se encuentran
y acarician sus cabellos,
los besos toman prisionero al cuerpo
y en este trance de encantamiento
la pasión sexual completa el apareamiento.
La ciencia al servicio del amor
escudriño en la pasión,
-y sostiene que todo tiene explicación-
dicen que en ese
estado de inconciencia
los humanos liberamos sustancias
que nublan y
arrebatan el corazón y la mente.
Los enamorados en este punto sin retorno
pueden estar rodeados de personas,
mas sentirán que ellos solos existen
dentro de una burbuja
de excitación y euforia.
Sin duda el amor, la pasión y el sexo
son la droga más poderosa
jamás descubierta,
y todas las explicaciones de los sabios
Cupido no las toma como ciertas.
Ya pasado el primer encuentro
donde ambos liberamos pasión y encanto,
nace el vínculo de la pareja
la pregunta es ¿hasta cuándo?
Todos nos unimos en matrimonio
sintiendo que el amor es eterno,
domar el potro de la convivencia
te dirá si es cierto.
Utilizaremos trucos
y excusas
para no romper la pareja,
algunos lo hacemos por los hijos
aunque la pareja este muerta.
Otras parejas lo haremos
por dinero y capital acumulado,
ambos queremos el 100x100
de la nada que nos ha quedado.
Ya en este punto y avejentados
el bote del amor ha
hacho agua,
nuestro amor ha muerto…,
solo aguardamos juntos el paso los años.
Otras parejas aprendieron
uno del otro viviendo,
y el sentimiento del amor alocado
sigue brillando en la madurez,
se halla en un rincón dulcemente agazapado.
El amor trae consigo compasión
belleza, tolerancia y necesidad,
si la pareja lo comprende nada los separara.
Muchas paras viven sin amor,
sepultando en los profundo los sentimientos,
sobreviviendo amargamente
y añorando del amor aquellos tiempos.
Muchas parejas eternizaron su amor
mas allá de la vida el badén y la muerte,
su amor vivirá en bocas de otros
como si estuviesen presentes.
Es cierto que los sentimientos cambiaron
desde Romeo y Julieta,
pero hoy también se mata y muere por amor
no es tan diferente.
Nacimiento, vida, muerte
Y eternidad del amor,
¡la humanidad existe!
gracias a su misterioso fulgor.
Autor: Miguel Ángel Figueiras Giménez
Poeta embajador de paz, Buenos Aires,
Argentina

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