La ciencia convencional no considera que la reencarnación sea un hecho
comprobado,
ya que el método científico exige evidencia física directa y fenómenos medibles
o repetibles. Sin embargo, existen instituciones académicas que estudian el
tema desde la parapsicología y la psiquiatría para intentar explicar
científicamente este tipo de reportes.
HARLOTTESVILLE,
Virginia.- En una oficina anodina del centro de Charlottesville, Virginia, hay
un pequeño baúl de cuero encima de un archivador. Adentro hay una cerradura de
combinación, sin abrir desde hace más de 50 años. Quien la puso está muerto.
Por sí solo, el candado no tiene nada de especial: es de los que
se usan en el gimnasio. Tiene un código mnemotécnico de una palabra de seis
letras convertida en números, y solo lo conocía el psiquiatra Ian Stevenson,
quien lo estableció mucho antes de morir y años antes de jubilarse como
director de la División de Estudios Perceptivos (DOPS, por su sigla en inglés), una
unidad de investigación parapsicológica que fundó en la
Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia en 1967.
Existen laboratorios en el mundo que tienen líneas de
investigación similares —la Unidad de Parapsicología
Koestler de la Universidad de Edimburgo, por ejemplo—, pero la
DOPS es la iniciativa más destacada. La única otra unidad de parapsicología
importante en Estados Unidos era el Laboratorio de Investigación de
Anomalías de Ingeniería de Princeton, o PEAR, que se centraba
en la telequinesis y la percepción extrasensorial. Esa
unidad se cerró en 2007.
Aunque técnicamente forma parte de la Universidad de Virginia,
la DOPS ocupa cuatro espacios similares a condominios dentro de un edificio
residencial. Está notablemente alejada del frondoso campus principal de la
universidad, y al menos a un par de kilómetros de la facultad de Medicina.
Ayudar
a la gente a tratarse un poco mejor
Los investigadores esperan que la idea de que la mente sobrevive a la muerte corporal se
comprenda mejor en los próximos años, y se tome más en serio.
“Dudo que vaya a haber un hallazgo o un estudio que
convenza de repente a todo el mundo de que tenemos que cambiar nuestra manera
de entender la realidad, pero creo que puede animar a la gente a explorarlo”,
dijo Tucker, refiriéndose al trabajo que se ha hecho en el campo de la
investigación de las vidas pasadas en el último siglo.
Pero, ¿por qué importa todo esto?
El equipo de la DOPS cree que una mayor aceptación de que la vida es un ciclo continuo podría
tener un efecto positivo en nuestra manera de vivir.
“Sin duda podría influir en la forma en que la
gente ve su vida”, dijo Tucker. “Creo que es una visión más esperanzadora que
la idea de que esto solo es un universo aleatorio que carece de sentido. Por
supuesto, la gente encuentra esto en su religión, pero si pudieran
ver que existe este aspecto de sí misma que continúa, podría ayudar con el
duelo y la ansiedad ante la muerte y, ya sabes, con suerte ayudaría a que la
gente se tratara un poco mejor. Habría una sensación más fuerte de que todos
estamos juntos en esto de que, de nuevo, no se trata de una existencia sin
sentido”.
Tucker
piensa menos en el pasado y más en el futuro inminente. Ha pasado los últimos
meses atando cabos sueltos antes de su partida.
Una cosa es segura: quienquiera que asuma el cargo de director
de la DOPS se convertirá en el nuevo custodio del experimento de Stevenson.
Después de todo, hay más de un millón de combinaciones posibles para la
cerradura, y no hay coincidencia en adivinar la correcta. Muchos lo han
intentado, algunos incluso han intentado recuperar el código del propio
Stevenson recurriendo a la ayuda de médiums espirituales, en vano.
En cuanto a Tucker, planea trasladarse a Carolina del Sur con su
esposa para estar más cerca de sus nietos. “Estoy pensando en pasar página y
empezar un nuevo capítulo”, dijo.
¿Una nueva vida, tal vez?
“Sí, bastante. Aunque no como usamos ese término aquí”, dijo con
una sonrisa.
Por Saskia
Solomon, The New York Times/2025-

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